Diez años después

4/10/13: Editado el texto por haber olvidado de manera imperdonable algunos hechos y personas… 😉

Hoy hace diez años de la aparición en Internet de la página web www.crisisenergetica.org (actualmente el dominio está desactivado a la espera de encontrar un lugar para su archivo, mientras tanto seguimos aquí, en lacrisisenergetica.wordpress.com). Crisis Energética fue también el germen de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN), que años más tarde pasó a ser AEREN – ASPO Spain, cuando nos convertimos oficialmente en el capítulo español de la Association for the Study of Peak Oil. Lo que sigue es un relato personal de lo acontecido estos diez años, y una reflexión sobre la importancia del cenit del petróleo (peak oil) y otras cuestiones relacionadas con el activismo medioambiental e Internet como canal de comunicación y participación.

Faltaba poco para el cambio de milenio cuando empecé a interesarme en los asuntos relacionados con la energía. Careciendo de formación reglada (abandoné los estudios de filosofía en el primer curso) siempre he dejado que mi curiosidad guiase mis lecturas y mis intereses intelectuales. No recuerdo bien qué estaba buscando cuando me topé con la cuestión energética. Quizás fue buscando información sobre las teorías de la singularidad (la explosión del conocimiento científico que nos haría irreconocibles como humanos en apenas una generación), cuando la serendipia me envió a dieoff.org, un sitio web mantenido por Jay Hanson en el que se recogían todo tipo de referencias sobre el sombrío destino de la humanidad (die off significa “extinción” en inglés). Para explicarlo de manera breve, dieoff.org es una descarnada enciclopedia del neomaltusianismo más feroz, una exposición contundente de los motivos por los cuales la humanidad va camino de crear las condiciones ambientales necesarias (cambio climático y agotamiento de los recursos naturales, especialmente los energéticos) para deshacer  de manera abrupta el camino recorrido desde la industrialización. Recuerdo perfectamente estar leyendo dieoff.org en mi portátil durante unas vacaciones de Semana Santa en el pueblo cuando hubo un apagón. ¡Sin duda añadió dramatismo a la lectura!

En esa época me ganaba la vida con las nuevas tecnologías de la información. Era redactor en revistas del sector informático, me dedicaba a la docencia de las TIC, hacía crítica de videojuegos, estaba a la última de las novedades tecnológicas, y mis lecturas incluían estudios sobre Inteligencia Artificial (Hans Moravec), el mundo digital (Negroponte), el problema mente-cuerpo (Hofstader), además de no me perderme un número de la revista Wired. Por tanto, y en teoría, me encontraba en las antípodas del perfil que se suponía interesado por las catástrofes ecológicas y los problemas de los recursos. Sin embargo, vi muy claro desde el principio que sin energía abundante nada del futuro hacia el que había puesto rumbo se iba a hacer realidad.

De las lecturas de dieoff.org destacaba un artículo publicado en 1998 en Scientific American por los geólogos retirados Campbell y Laherrère, titulado “The End of Cheap Oil”, en el que se explicaba cómo los datos sobre reservas petrolíferas tenían un carácter eminentemente político y económico (se exageraban a voluntad para mejorar las perspectivas de los países que las poseían) y cómo la extracción de petróleo a nivel mundial estaba condenada a llegar a un punto máximo para luego disminuir de manera inexorable. La lógica es impecable, si todos los pozos de petróleo ven su producción crecer al principio y llegar a un máximo para después declinar, ¿por qué iba a comportarse de manera diferente el agregado de todos los pozos de petróleo del mundo, presentes y futuros? Se puede discutir el momento y las consecuencias, pero el cenit del petróleo es indiscutible, es un fenómeno que depende de la física en primer lugar.

Mis lecturas cambiaron radicalmente, y empecé a devorar artículos y libros sobre los recursos energéticos, la revolución industrial, la agricultura, y en general cualquier cosa que tuviera que ver con esa historia tan poco escrita de la humanidad, que es la historia de su intimísima relación con los recursos naturales. Todo lo que leía estaba en inglés, hasta que me encontré un día con un documento en español titulado “Un cuento de terrorismo energético”, escrito por un tal Pedro Prieto, colgado de la web del Club de Amigos de la UNESCO. No paré hasta conseguir la dirección de correo electrónico de Pedro y ponerme en contacto con él. Intercambiamos unos cuantos correos electrónicos y nuestros respectivos “cromos” en forma de artículos e informes. Fue el sencillo inicio de una amistad duradera y una aventura en la que, no se puede decir de otra manera, nos lo hemos pasado fantásticamente.

Por esas mismas épocas hice otro contacto fundamental. Había leído en el diario La Vanguardia un artículo acerca del petróleo de Mariano Marzo, profesor de estratigrafía y catedrático de recursos energéticos en la Universidad de Barcelona. Pensé que necesitaba a alguien cercano (yo soy de Barcelona) y con la suficiente autoridad para ver si todo este asunto de los problemas de la energía tenía fundamento, y sobre todo, si la situación era tal mala como la pintaban la mayoría de mis lecturas. Aprovechando mi condición de pseudoperiodista, conseguí que el profesor Marzo me recibiese en su despacho. Básicamente le pregunté si había algo de cierto en todo este asunto, y que si valía la pena investigarlo. Mariano me dijo que las preocupaciones eran reales, que teníamos un problema con el petróleo y con los recursos energéticos, pero también me hizo una advertencia, “es muy difícil hacer ciencia con el cenit del petróleo”. El profesor no se refería a la física de la exploración, extracción o refinado de los hidrocarburos líquidos, sino a la cuestión que parecía centrar la atención de todos los interesados en el asunto: la predicción del año en que se llegaría al pico del petróleo, al peak oil, al cenit del petróleo.  Tal y como Campbell y Laherrère habían establecido en su artículo de 1998, los intereses políticos y económicos alrededor de la extracción de petróleo eran fenomenales y los datos de reservas, muy poco fiables. Al mismo tiempo, la tecnología y la economía eran dos factores más que impedían hacer un pronóstico certero sobre la fecha del cenit.

Visto en retrospectiva, el comentario de Mariano Marzo se reveló como extraordinariamente certero, dado que gran parte del movimiento a nivel mundial dedicado a difundir la problemática del cenit del petróleo, en mi opinión, perdió mucho tiempo y energías en tratar de predecir lo que por naturaleza es caótico: la interacción entre lo que está bajo el suelo, la geología del petróleo, y lo que está encima de este, la economía, la tecnología y la política. Pero claro, en este mundo con una capacidad de atención tan fragmentada y que funciona a golpe de titular, es muy difícil evitar la hipérbole si quieres llamar la atención y hacerlo rápido, y pronto la discusión se convirtió en una carrera hacia el pronóstico más impactante.

En mayo de 2003 se iba a celebrar en París la segunda reunión anual de ASPO, y decidí que iba asistir como miembro de la prensa.  Se lo comuniqué a Pedro Prieto y le invité a acompañarme. Y así fue como empezó nuestra singladura juntos. Conocí en persona a Pedro en el Institute Français du Petrole a las afueras de París (de hecho, no fue la única persona que conocí ese día cuya amistad aún conservo) donde juntos asistimos a unas conferencias extraordinariamente interesantes, y en las que pudimos comprobar el creciente interés por el tema. A la vuelta de las conferencias, le propuse a Pedro hacer algo para divulgar la cuestión. Pedro Prieto era en ese momento un ingeniero de telecomunicaciones prejubilado con una gran experiencia en el despliegue de redes eléctricas fotovoltaicas para las telecomunicaciones, así que los conocimientos técnicos que a mí me faltaban estaban cubiertos por su parte. Yo, sin títulos, solo con mi curiosidad y mi inglés, me conformaba con hacer el papel de divulgador y comunicador honesto (o al menos intentarlo). Así que finalmente creamos www.crisisenergetica.org y el 3 de octubre de 2003 veía la luz una humilde y sencilla página web con la que pretendíamos dar a conocer el fenómeno del cenit del petróleo y sus consecuencias, pero sin detenernos ahí. Hablábamos de energía nuclear, del carbón, del gas natural, también de la agricultura, y por supuesto de los sistemas sociales que habían surgido al calor de la era fósil y nuclear, y si iban a sobrevivir a la transición.

La transición era, sin duda, y aun así lo creo hoy, hacia un modelo de energía solar renovable (¡no hay que olvidar que gas, petróleo y carbón son formas de energía solar no renovable!). Lo que nos diferenciaba del tradicional discurso sobre las energías alternativas era que pensábamos que una sociedad solar se parecería muy poco a una sociedad fósil (en el imaginario popular, la vida de hiperconsumo seguiría, pero al estilo de los anuncios “verdes” de televisión: coches eléctricos futuristas transitando por una carretera desierta frente a un verdísimo horizonte y con unos cuantos aerogeneradores detrás). Nosotros también poníamos límites a la transición. Eso nos granjeó no pocos problemas en los debates presenciales y telemáticos, en especial con organizaciones como Greenpeace o aquí en Catalunya, con activistas defensores de un despliegue decidido por las renovables (que por cierto, nosotros también apoyamos, solo que no creemos que sea tan fácil como lo pintan). Quiero creer que a pesar de las diferencias, “estamos en el mismo barco”, y que nuestras pegas al despegue renovable no son de fondo, sino simplemente producto de la precaución, y con el objetivo de que esa futura sociedad solar no siga siendo esclava del productivismo y del crecimiento desbocado.

Tampoco coincidíamos en nada con los defensores de la energía nuclear, y para ello contamos con la inestimable ayuda de la tercera pata del proyecto, otro ingeniero de telecomunicaciones con el que contactamos gracias a Mariano Marzo. Marcel Coderch, doctor en ingeniería eléctrica en el MIT también había contactado por su cuenta con el profesor Marzo, y este le sugirió que debía conocernos a Pedro y a mí. Corría el año 2005, y casi de manera rutinaria surgió la idea de crear una asociación, y así tener una identidad fiscal y social desde la cual organizar nuestras actividades. Con Mariano Marzo como socio de honor, Pedro Prieto como vicepresidente, Marcel Coderch como secretario y yo mismo como presidente, en 2005 nació la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN).

No ha sido una asociación típica. Para empezar, solo tuvimos una asamblea general de socios, aprovechando unas jornadas que organizamos en el pueblo de l’Alt Penedès donde yo vivía en ese momento. Como presidente, he sido el responsable de que, desde el punto de vista formal, como asociación, haya sido un completo fracaso. Me he saltado los estatutos, al menos en lo tocante a las asambleas, por completo, y tampoco se puede decir que hayamos el hecho el proselitismo hacia los socios que se espera de una asociación. Al menos, en lo que respecta a la divulgación del fenómeno del cenit del petróleo, podemos decir que hemos contribuido de manera muy significativa a que los internautas de habla hispana hayan podido encontrar información y un lugar para comunicarse.

En el año 2006, y tras haber asistido a las conferencias anuales de ASPO en Berlín (2004), Lisboa (2005) y Pisa (2006), aceptamos la invitación de ASPO para representar a esta asociación en España. Para nosotros, la gracia de ASPO era que como red mundial era un conglomerado variopinto de personas, la mayoría relacionadas con la academia, el mundo de la energía y la economía, pero que habían puesto por encima de sus opiniones un sencillo mandato de tres puntos:

  1. Evaluar la dotación mundial y definición de petróleo y gas;
  2. Estudiar el agotamiento, teniendo en cuenta la economía, la demanda, la tecnología y la política;
  3. Elevar la conciencia de las graves consecuencias del declive del petróleo y el gas para la Humanidad.

Algunos eran firmes defensores de la energía nuclear (ASPO Francia), otros se oponían con fiereza (ASPO Alemania), otros asomaban la cabeza tímidamente desde el mundo académico (ASPO China). Algunos outsiders de excepción, como el banquero de inversiones energéticas estadounidense Matt Simmons o el geólogo iraní Ali Sam Bakhtiari eran auténticas estrellas de las conferencias (lamentablemente ninguno de los dos se encuentra hoy entre nosotros). Claro que esa expectación quedaba reducida a los enterados, el cenit del petróleo no era ni mucho menos un tema habitual de las cabeceras de los medios de comunicación. Los artículos de Mariano Marzo en La Vanguardia eran los únicos que hablaban de los límites técnicos, ambientales y económicos de los recursos energéticos fósiles, de hecho el primer monográfico publicado sobre el tema lo editó el mismo grupo editorial, con un “La Vanguardia Dossier” titulado “¿Un mundo sin petróleo?“.

En otros medios, nuestra insistencia y la complicidad de algún periodista nos abrieron puertas al gran público. En la radio, el periodista radiofónico Josep Cabayol nos ofreció la oportunidad de acudir semanalmente a su programa para discutir la actualidad de la energía (y también de la geopolítica energética). Jesús Maraña, director de la revista Tiempo, me ofreció la oportunidad de escribir al respecto (también conseguí colar el tema en revistas tan variopintas como MAN, sí, la de las mujeres ligeras de ropa a toda página, o CNR). Respecto al interés del público general sobre estos temas, tanto los atentados en EE.UU. de septiembre de 2001 como la posterior guerra de Irak en 2003 fueron de gran ayuda: un importante recordatorio de que el petróleo sigue mandando en la política exterior de las grandes potencias, algo que los grupos insurgentes y otros combatientes siguen teniendo muy presente. Desestabiliza el petróleo y desestabilizarás el mundo.

Por lo que respecta a las administraciones, tuvimos la suerte de poder colaborar con el Instituto Catalán de la Energía (ICAEN) durante un tiempo (y si no duró más no fue por su culpa), en el que escribíamos para ellos informes mensuales sobre petróleo y otros temas energéticos. El ICAEN además se convirtió en nuestro principal soporte económico a la hora de organizar la conferencia anual de ASPO en Barcelona en octubre de 2008. Fue una conferencia de la que guardo un recuerdo agridulce. En pleno shock económico recesivo (el petróleo se disparó hasta los 148$ ese mismo año), el número de asistentes se redujo significativamente (220 personas) respecto a las conferencias anteriores en Irlanda el pasado año (de hecho ese año, con 350 asistentes, fue el cenit de público, de momento, a las conferencias de ASPO). Eso hizo que tuviésemos que ajustar al máximo el presupuesto. Pero por otro lado, y dado que no contábamos con patrocinios de la industria, nuestras conferencias fueron sin duda las más académicas y por tanto las más libres de compromiso a las que yo haya asistido. El éxito organizativo, más allá de una asistencia un tanto pobre, fue total, todo funcionó a la perfección, e incluso nos permitimos homenajear a Campbell y Laherrère al cumplirse ese año 10 años de la publicación de “El Fin del Petróleo Barato” en Scientific American, regalándoles sendas campanillas de bronce, que servían tanto de herramienta de “early warning” simbólico como de recordatorio de la forma de campana de la curva original de Hubbert (el geólogo estadounidense que dijo en voz alta lo que todos los geólogos saben, que la producción de petróleo no puede aumentar exponencialmente para siempre). En gran parte ese éxito se lo debemos a los voluntarios que nos ayudaron, y a otros patrocinadores como la Agencia de Energía de Barcelona, ISTAS, o el European Climate Forum. Años más tarde se celebró en Barbastro un congreso de temática similar organizado por la UNED que no tuvo nada que envidiar a nuestras conferencias, ni tampoco a las organizadas en el extranjero (de hecho contó con una nutrida representación internacional). La celebración de eventos como estos, además de provocarme una sana envidia, me alegra enormemente y me hacen sentir acompañado y reivindicado. Otros destacados académicos con los que hemos trabajado son los integrantes del Grupo de Energía y Dinámica de Sistemas de la Universidad de Valladolid: Carlos de Castro, Margarita Mediavilla, Oscar Carpintero y el resto de integrantes del equipo. Su grupo ha organizado jornadas y ha desarrollado su trabajo teniendo en cuenta variables como la Tasa de Retorno Energético y el cenit de los combustibles fósiles. Tampoco puedo olvidarme de otro académico “de letras” pero que comprende como nadie el problema de la sostenibilidad, y cuyos libros son una delicia por su erudición y sus ricas listas de referencias: Jorge Riechman.

Otro episodio de contacto con administraciones y políticos fue un breve y abortado intento de reunirnos por parte de Javier García Breva, en ese momento (2004) flamante y recién nombrado director del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía bajo el primer gobierno Zapatero.  Al poco de recibir la llamada del instituto para concretar un encuentro, García Breva fue cesado. No puedo asegurar el porqué, pero podría aventurarse que García Breva tenía un perfil poco convencional respecto a los intereses del lobby energético español, dominado por empresas nucleares y fósiles. Políticos como el socialista vasco Ramón Jáuregui, que escribió un artículo en prensa que parecía inspirado por nosotros, propició un encuentro en el Congreso de los diputados en Madrid, al que asistió Pedro. Jáuregui recibió a Pedro y después lo remitió a una reunión con la responsable de la Comisión de Economía. Aún nos reímos cuando recordamos que esta persona, lo primero que preguntó fue “que qué buscábamos en realidad”, sin duda, reflejo de esa España de amiguismos y pequeñas corruptelas. Así debían ver a una asociación sin ánimo de lucro como la nuestra, como unos pedigüeños más. Lo cierto es que el poco dinero que hemos recibido de las administraciones se utilizó en las conferencias de Barcelona, y el resto fue como pago de la prestación de servicios por los informes al ICAEN. Otra parte importantísima de nuestros ingresos ha venido de los socios y sus cuotas, y cuando lo hemos necesitado, de alguna donación extraordinaria (en todos los sentidos) de benefactores anónimos.

Me gustaría destacar también a algunas personas con las que he tenido relación durante todos estos años, y a las que he conocido única y exclusivamente por mi dedicación al tema. Es decir, que si no hubiésemos montado Crisis Energética y AEREN, no nos hubiésemos conocido, ¡y eso hubiese sido una verdadera pena! Juan Jesús Bermúdez “Juanje”, por esa época responsable de medio ambiente en CC.OO. Canarias es uno de ellos. Juanje reconoció enseguida las posibles consecuencias negativas de una crisis energética para un territorio tan dependiente del exterior como Canarias, y se dedicó con un empeño encomiable a hacer proselitismo del tema en el sindicato, tanto a nivel regional como nacional. Juanje se unió a nuestro grupo en diversas ocasiones a la hora de viajar al extranjero para asistir a los encuentros de ASPO (incluido un episodio de trekking por las Montañas Rocosas tras las conferencias de ASPO 2009 en Denver, Colorado), y juntos compartimos momentos extraordinarios en conferencias y viajes. Aunque Juanje ya no está en el sindicato y ha vuelto a su ocupación profesional anterior, dejó un libro escrito (Canarias frente a la crisis energética) que es un excelente manual de la crisis energética desde un punto de vista insular. A destacar también que desde el mismo sindicato, pero en Barcelona, José Manuel Jurado ha llevado a cabo una incesante labor para poner la discusión energética en el importante lugar que se merece. En el campo político no puedo dejar de mencionar a la asociación gallega Vespera de nada y a Manuel Casal Lodeiro, que con su insistencia y entusiasmo ha conseguido que al menos gran parte de los políticos de izquierda (de la de verdad) en Galicia hayan puesto el cenit del petróleo en sus programas electorales. Tampoco puedo olvidar (de hecho, casi lo hago), a Fernando Ballenilla, un profesor universitario y de secundaria que realizado una importante labor de divulgación en torno a la relación  entre energía y agricultura, y del que hemos aprendido mucho, tanto de contenidos como de cómo transmitirlos.

Otra de las personas que conocí durante este periodo fue a Enric Duran. Cuando me involucré en los movimientos sociales catalanes fue la primera persona que se interesó por el tema y nos ofreció ayuda a través del espacio Infoespai, en el barrio barcelonés de Gracia, allí tuvimos un local para reunirnos, organizar charlas, etc. Junto a Enric y otros activistas creamos el Observatorio de la Crisis Energética y las Alternativas de Sociedad (OCEAS), trabajando con gente de Barnamil, Repsol Mata, Can Masdeu, y otros ( y con un recuerdo especialmente cariñoso para Joaquim Coromines, Juan Martínez, Aglaia Gómez, Laia Capdevila, Ferran Claudin, Joan Garcia, Miguel Muñiz, Sergi Saladié, Mònica Vargas y otros muchos más). OCEAS organizó unas jornadas en 2007 que dieron origen a una publicación realizada por el Consell Assesor per al Desenvolupament Sostenible (CADS): “Cambio climático y crisis energètica: soluciones comunes“.

Enric se hizo conocido años después por haber protagonizado una iniciativa de financiación de los movimientos sociales un tanto peculiar. Como un Robin Hood moderno, Enric le quitó dinero a los bancos aprovechándose de sus propias ofertas de crédito bancario indiscriminado para ponerlo al servicio de iniciativas sociales. De hecho, Enric, mucho antes de que se hiciese público lo que había hecho, nos ofreció a AEREN financiación proveniente de esos fondos. En ese momento rechacé su oferta, pues pensé que si explicaba a la junta directiva el origen de los fondos quizás no lo habrían aceptado, y por otra parte no podía aceptarlo y al mismo tiempo esconder el origen del dinero. Años más tarde visité a Enric como preventivo en la prisión de Can Brians, hoy en día está en paradero desconocido tras no haberse presentado a su juicio, alegando indefensión. De alguna manera, por remota que pueda ser, me siento íntimamente relacionado con la trayectoria vital de Enric. Aunque suene a prepotente, Crisis Energética, AEREN y su discurso, ha cambiado muchas vidas, y en parte, la de Enric ha sido una de ellas. El segundo capítulo de su libro “Liquidar la banca” se titula precisamente “crisisenergetica.org”.

Internet fue desde el principio nuestro campo de batalla, para ello, el foro de Crisis Energética era una de nuestras principales herramientas. Yo venía de un mundo, el de la revolución digital de Internet (aunque evidentemente no era de los que la veían como una vía rápida para enriquecerse) que veía en la red una enorme esperanza, la de convertirse en una maravillosa herramienta para cambiar el mundo. Aún lo sigo pensando, pero por el camino he dejado algo de mi inocencia original. Y es que Internet es una herramienta, y como tal, sus resultados dependen también de la disciplina y los límites que se autoimpongan sus usuarios. En este sentido, los foros de Crisis Energética tenían un nivel bastante bueno, no solamente por sus contenidos, sino también por las formas. Cuando todos están de acuerdo, es fácil mantener las formas, pero a medida que las discusiones avanzan y las posiciones se enconan, es muy difícil evitar caer en los pecados típicos de la discusión internáutica (casi todos se pueden encontrar en los catálogos de las falacias argumentativas), o aún peor, caer en los ataques personales (la peor forma de falacia). Aunque el nivel del foro se mantuvo de manera bastante digna hasta su final, me vi forzado a expulsar a varios usuarios cuyo comportamiento dejaba mucho que desear. Algo rutinario en foros más concurridos y que no tiene demasiada importancia, pero que es más doloroso cuando el formato es más reducido, y sobre todo, cuando hablamos de temas tan trascendentales como este. Reconozco además un cansancio, un peso que me agobiaba, a la hora de revisar el foro y ver como las discusiones se repetían sin llegar a ningún sitio (aunque acertamos en otras cuestiones, como la crisis económica, ¡en nuestros foros se hablaba de una inminente guerra con Irán desde 2006!) mientras las posiciones se enconaban y se perdía el tono cordial del principio. Las páginas web y los foros tienen su momento, y normalmente acaban degradándose y perdiendo su espíritu original. Nuestra intención es volver a hacer públicos los contenidos de la web y del foro original, aunque no se vaya a actualizar más, ya que aún hay en estos contenidos que vale la pena conservar (¡como el hilo de discusión sobre biodiesel de algas!).

Otros efectos colaterales de nuestra actividad divulgativa han sido libros como “El Caleidoscopio: el último ciclo económico”, de David Ripoll (alias Ferroviario), una ácida sátira sobre la terrible deriva de nuestro sistema, informada por las cuestiones energéticas, pero también por las concernientes al funcionamiento del sistema bancario. Otro libro que novela una distopía petrolera es “Cenital”, de Emilio Bueso, que se atreve a escribir sobre cómo sería la vida en una sociedad postpetrolera que se ha tenido que adaptar por la fuerza, en un contexto bien alejado de las transiciones sin sobresaltos que algunos defienden. No puedo dejar de mencionar tampoco a Gabriel Tobar y sus geniales comics, con ellos hicimos una mini exposición en el vestíbulo de las conferencias de ASPO en Barcelona, su visión casi surrealista y minimalista del tema vale más que muchas páginas escritas… Aunque no se puede considerar un colateral a nuestra actividad, cabe mencionar también el discurso de ingreso de Mariano Marzo en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona,   “El suministro global de petróleo: retos e incertidumbres”, un compendio extraordinario de conocimiento, explicado de manera clara y precisa y que analiza todos los datos oficiales disponibles sobre la cuestión. Por mi parte, además de los artículos mencionados, tuve la ocasión de escribir un capítulo dedicado al petróleo en el informe “Análisis del Metabolismo Energético de la Economía Catalana” encargado por el CADS y dirigido por Jesús Ramos (que tuvo la paciencia de ser mi editor y revisor).

Frente a la cuestión del futuro de AEREN y Crisis Energética, algo que hemos discutido a menudo, cabe decir varias cosas. En primer lugar siento que ya hemos cumplido con nuestros objetivos e incluso hemos ido más allá. No solamente hemos ayudado a ASPO a concienciar a la gente sobre el cenit del petróleo, sino que desde nuestra perspectiva española, hemos trabajado también para popularizar un concepto, el de la tasa de retorno energético (TRE), que ha culminado con la publicación de un libro, “Spain’s Photovoltaic Revolution: The Energy Return on Investment“, escrito a dos manos entre Pedro Prieto y Charles Hall de la Universidad de Syracusa en Nueva York (Hall es el pionero de ese concepto en el mundo académico). Marcel Coderch, por su parte, publicó un magnífico libro, titulado “El espejismo nuclear”, que ofrecía perspectivas nuevas (principalmente económicas) para descartar la energía nuclear como alternativa a los combustibles fósiles (y eso unos años antes del desastre aún en marcha de Fukushima). Mis aportaciones en este sentido han sido escasas, yo soy un divulgador, y mi perfil técnico es limitado, pero he tenido la suerte de tener a mi lado a Mariano, Marcel y Pedro, y gracias a ellos me he atrevido a escribir unos cuantos artículos divulgativos sobre la cuestión energética. Hace un tiempo recibí un encargo para escribir un libro que por motivos personales lo he dejado en barbecho cuando tenía escrita una tercera parte. Espero retomarlo y poder así hacer una aportación más duradera al asunto.

Por suerte, ya no estamos solos en nuestro trabajo de divulgación. La asociación Oil Crash, formada por los científicos Antonio Turiel, Antonio García y otros publican frecuentemente en el blog crashoil.blogspot.com y son ahora mismo la referencia en Internet en español sobre los problemas energéticos. No es por colgarle el muerto, pero siendo un científico en activo, con una gran capacidad de comunicar, y con un espíritu combativo, no tendría ningún problema en cederle el testigo a Antonio (bueno, no ha hecho cederle nada, ¡se lo ha ganado él solo!).

A la hora de evaluar el problema, diez años después, creo que el problema de los recursos energéticos se halla enmascarado por la actual crisis económica y financiera. Creo que el castillo de naipes de la economía mundial se ha desplomado a causa del aumento del precio de la energía y por las dificultades por encontrar recursos energéticos fósiles baratos y de fácil acceso. Es cierto, no hay colas en las gasolineras (el consumo se ha desplomado en los países en crisis como España mientras se mantiene estancado en la OCDE aún “rica”), pero las hay en las oficinas del paro y los derechos sociales ganados durante las últimas décadas del siglo pasado están desapareciendo a gran velocidad. La crisis de los recursos energéticos nos debería llevar a preguntarnos qué tipo de sociedad queremos, si una que esté basada en el consumo desaforado y en no pensar más allá de los cuatrienios electorales, o bien una que utilice el principio de precaución como guía y que ponga en cuarentena las tecnologías milagro, llámense “energía nuclear” o “fracking”.

Hayamos llegado o no al cenit petróleo, los problemas de fondo persisten. La demografía y el natural desarrollo material de la mayoría de la población mundial seguirán poniendo presión en la demanda energética durante las próximas décadas, incluso teniendo en cuenta el actual estancamiento en la demanda de los países de la OCDE. La transición energética a la que estamos obligados no se hará en un periquete, históricamente las transiciones energéticas han sido siempre asuntos que han llevado décadas, y no se observa una acción decidida que vaya a cambiar nuestro rumbo a medio plazo. Necesitamos electrificar el transporte (después de reducir drásticamente nuestras necesidades de transporte) y descarbonizar las fuentes energéticas de nuestro sistema eléctrico, y hacerlo ya. Por otra parte, sigue habiendo pobres energéticos en el mundo, 1.300 millones sin acceso a electricidad y 2.600 millones que utilizan combustibles muy contaminantes para cocinar (lo que provoca más muertes en África que el SIDA). A pesar de que los combustibles fósiles no convencionales son aún muy abundantes, los costes medioambientales de su extracción y su consumo son altísimos, y además su retorno energético es muy bajo. Su abundancia en volumen da una falsa sensación de seguridad, y aún si fuese rentable económicamente su utilización, aún quedaría el asunto del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Con todo, considero que el mayor de nuestros problemas es que nuestro sistema socioeconómico está basado en la asunción de que todos los problemas medioambientales pueden ser resueltos a través de los mecanismos de precios y las tecnologías eficientes y que todos los recursos naturales son inagotables o pueden ser sustituidos fácilmente. La actual crisis económica y financiera mundial nos ha mostrado de manera inequívoca la enorme resistencia al cambio que existe entre las elites mundiales y sus instituciones, y que hay una gran desconexión entre el mandato de los gobiernos elegidos democráticamente y su capacidad real de cambiar las cosas.

Con este panorama, no creo que haya llegado el momento de tirar la toalla y dejarlo estar. Al contrario, de la crisis energética hay que pasar a la crisis social, de valores, repensar de arriba abajo cómo funciona el mundo. No puedo asegurar cuál va a ser mi contribución personal a este esfuerzo, pero al menos me comprometo a que nuestro legado en Internet vuelva a estar disponible lo antes posible. Hasta ese momento nos seguimos leyendo aquí, en lacrisisenergetica.wordpress.com