CON EL DÉFICIT DE TARIFA A CUESTAS

El diario español El País publica el día 3 de noviembre de 2013 varios artículos y un editorial sobre el problema del déficit de tarifa, las energías renovables y el sector eléctrico en general, que no me resisto a comentar, porque utiliza el método de Herodes, tan del gusto de ciertos medios de difusión, de hacer ver que colocan todas las opiniones y luego se posicionan con un editorial, pero que en realidad, lo que hacen es llegar a partir el niño si se tercia y alguna madre, como es el caso, no renuncia a su maternidad y cede su bebé a la madre falsa. El comportamiento de las dos principales partes enfrentadas (con un mutismo preocupante por parte del gobierno actual sobre sus responsabilidades, que siempre deriva hacia las innegables responsabilidades de gobiernos anteriores, incluyendo alguno de los de su bando) es más bien propio de la goyesca escena de “a garrotazos”, donde cada parte se lanza a sacudir al otro, sin reconocer ni un ápice sus propios defectos. Haré comentarios entre líneas en cursiva a cada uno de los artículos.

A garrotazos Goya

¿”QUO VADIS”, REFORMA ELÉCTRICA?

El primer artículo que concede El País es una vela a Dios, si Dios fuese renovable, con un artículo al secretario general de Protermosolar y presidente de ESTELA, Sr. Luis Crespo, para defender la postura de las renovables.

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Hace tiempo que la estrategia de las grandes empresas eléctricas es señalar a las renovables como culpables del déficit de tarifa, cuando ya en 2008 alcanzaba la cifra de 16.000 millones de euros y no eran muchos los megavatios renovables en operación. Desde entonces se está arrastrando la pesada carga de los intereses de la deuda, antes de que las primas a las renovables fueran significativas.
Esta incierta teoría de que las renovables son las culpables del déficit parece que es la que guía la reforma parcial del sector eléctrico actualmente en trámite parlamentario, o al menos la justificación para que las renovables sean las que soporten de nuevo la mayor parte de los recortes.
El recorte que se ha anunciado, antes incluso de que se conozcan las cifras de los costes estándar, que darán contenido a la supuesta rentabilidad razonable, hace presagiar lo peor para la industria renovable de nuestro país. De nuevo, la batalla habrá sido ganada por las grandes eléctricas, que solo tendrán que ocuparse en arreglar el pequeño matiz de que sus parques eólicos no salgan muy perjudicados.

En este sentido, el Sr. Crespo tiene razón y es exigible al Gobierno que antes de hablar de “rentabilidad razonable” de un negocio, especifique qué entiende por ella a las decenas de miles de propietarios de sistemas de generación renovable. Porque cada parque eólico con su tecnología del momento, sus costes del momento y la calidad de sus campos en horas pico implican rentabilidades muy diferentes. También en la energía solar fotovoltaica o en la termosolar, varían enormemente, tanto las tarifas adjudicadas (mucho menores al final) como también han variado los costes de instalación llave en mano a lo largo del tiempo y también muchos otros costes que se han ido añadiendo. Esto es extensible a la mini y microhidroeléctrica, a la quema de biomasa o hasta a la cogeneración, que no es estrictamente renovable, aunque esté en el régimen especial.
Por otra parte, también peca en Sr. Crespo en asegurar por adelantado que las ganadoras serán las grandes eléctricas, que efectivamente tienen algunos intereses no tan centrales en algunos parques eólicos. Pero estas afirmaciones lo que producen es una sensación de desasosiego que deja entrever, que tanto los grandes oligopolios eléctricos, como las grandes corporaciones con intereses en energías renovables, andan cabildeando todo el día en el Ministerio (“lobby”, lo llaman en EE. UU. y ya están acostumbrados todos a esta fea práctica, como si fuese de lo más natural cuando debería ser aborrecible) y que, en este caso, se huelen, en los pasillos, que les toca perder una vez más.

En España, los consumidores particulares y, especialmente, los industriales, deberían saber que los costes totales del sistema eléctrico han sido menores en estos últimos 10 años gracias, precisamente, a las renovables, aunque hayan cobrado primas.

Esto de hablar de costes de un sistema tan complejo como la red eléctrica, desde la generación, hasta la comercialización y de valorarlo a gusto de cada cual, como hacen unos y otros, hay que sustentarlo con datos mucho más elaborados y precisos de lo que aquí se hace. Todos se arrojan los costes con una soltura que confirma que este mundo está regido por economistas especialistas en ingeniería financiera. Veremos cómo por el otro lado, el Sr. Montes realiza otro juego malabar con sus propios costes. Con esta forma de hacer las cosas, no se va a llegar a entendimiento alguno sobre el diagnóstico del déficit de tarifa.

Un ejemplo reciente de esas medias verdades con las que se pretende engañar a la opinión pública son las recientes declaraciones que afirman que el recibo de la luz bajaría un 10% si se cerrasen las solares. Lo que no se comenta es que si se retiran cerca de 7.000 megavatios de producción solar durante el periodo diurno, el precio del pool subiría, al menos, entre un 20% y un 40%, como puede comprobarse analizando los datos oficiales de OMIE. Esta subida del pool supondría un importante beneficio no solo para los ciclos combinados, que entrarían en su lugar, sino también para la remuneración de las centrales nucleares, hidráulicas y de carbón, propiedad de las grandes compañías eléctricas del país.

De nuevo hay que señalar, con nombres y apellidos, aunque algunos sepamos de quien se trata, y por respeto al lector común, mucho menos avisado, al que asegura que cerrar plantas solares es bueno para los recibos. A ese, habría que ponerle a ofrecer datos sobre cómo ha llegado a esa conclusión y dar pie a los que tienen plantas solares que ofrezcan los suyos y que finalmente, algún espíritu independiente, si es que existen en este mundo, pueda discernir quien miente y en qué proporción o con qué aviesos intereses, para dejarlo fuera de las tomas de decisión sobre qué hacer en la red.

Las eléctricas hablan, en genérico, del apoyo a las “tecnologías inmaduras” como las responsables de todos los males de la política energética. Sin embargo, el apoyo implícito que reciben las tecnologías muy maduras, como la nuclear o la hidráulica, son, en gran medida, las responsables de los elevados costes de la electricidad en España.

Hay que definir el abstruso concepto de “tecnología inmadura”. El que la utiliza, incluso aunque sea para criticarla, está haciendo un flaco servicio a la necesidad de un debate sereno y bien documentado. Inmaduros hemos sido todos en alguna etapa de nuestra vida. Y también todas las tecnologías de generación, incluyendo la nuclear, que en algunos casos ha pasado de “madura” a “castaño-oscuro” con Fukushima y a pesar de todo, sigue siendo defendida por sus valedores. Lo mismo que decir, sin apoyo documentado para el ciudadano común, que las “muy maduras”, como la nuclear o la hidráulica (la gran hidráulica), son las responsables de los elevados costes. Es como una riña entre quinceañeras y cuarentonas tirándose de los pelos sin explicar por qué, cuando seguramente tienen tanto interés las quinceañeras como las cuarentonas, cada una en su ámbito y momento.

El Gobierno, focalizando la reforma tan solo en la parte de costes regulados, ha perdido la gran oportunidad de racionalizar la formación de precios del pool.

Lo que hay que explicar a los ciudadanos con claridad, para que lo entiendan sin necesidad de una asesoría de servicios jurídicos y financieros al lado, en primer lugar es qué es el coste en este maremagnum eléctrico y después, como se construye en nuestro complicado país esa estructura de los costes, sean regulados o no regulados y qué es el “pool”, que los de a pie incluso sabiendo idiomas, pueden confundir con una piscina en la que algunos están disfrutando de baños.

Así, si a las nucleares, hidráulicas y térmicas de carbón se las remunerara con una rentabilidad razonable a lo largo de toda su vida operativa, como se va a hacer con las renovables o, al menos, desde el comienzo de la aplicación de la LSE de 1997, se daría un gran paso para la solución definitiva del déficit tarifario.

Tiene mucha razón el Sr. Crespo. Lo lógico sería que una sociedad sana permitiese la construcción de un bien general y que al constructor y operador se le devolviese lo invertido. En el capitalismo racional, que incluso se le devolviese lo invertido con algún interés moderado. Pero esto no es, como muy bien sabe el Sr. Crespo, un capitalismo moderado, a la usanza de aquellos que hacían una sociedad anónima para construir el Canal de Suez o el de Panamá y cuando recuperaban su dinero con cierto beneficio, se disolvían. Esto, Sr. Crespo y usted lo sabe bien, es un capitalismo salvaje, donde la acumulación de beneficios no tiene límites; cuantos más, mejor, sin pensar a quien se pisa o a quien se perjudica (si se piensan mucho los inversores a quien se beneficia). Es decir, que es muy razonable la crítica a que un embalse hidroeléctrico o una central nuclear, cuando recupera la inversión, debería de dejar de dar más beneficios al que la construyó y tener exclusivamente el coste de la operación y mantenimiento de la misma, pero eso….eso no sería capitalismo. No he visto crítica alguna de los favorables a las energías renovables, en concreto a la fotovoltaica, cuando el RD 436/2004 ofrecía a los promotores el 575% de la tarifa eléctrica prevalente en aquel momento y durante los primeros 25 años y luego el 460% de dicha tarifa sine die. Esto finalmente se cambio y limitó, no sin alguna queja. Era otra forma de regalía capitalista, un marquesado eléctrico contra el que no protestó nadie que yo recuerde aquellos días, ni siquiera los grandes oligopolios que no vieron venir la avalancha de renovables en aquellos días de vino y rosas y de crecimientos económicos sin fin. Real Decreto/Regalía/Marquesado que, por cierto, aprobó el gobierno del Sr. Aznar el último día de su gobierno, para los que primero llegasen a los 380 MW conectados a red. La solución definitiva al déficit tarifario la tendríamos inmediatamente si en vez de ver vigas en ojo ajeno, pudiésemos tener la humildad para admitir que en el nuestro había alguna paja. Si entendemos que el enemigo no son los “que manejan la red”, sino la codicia humana de la que veo exentos a muy pocos, por no decir a ninguno, en este debate.

Sin embargo, se ha optado por aplicarles unos impuestos simbólicos, alguno de los cuales, incluso, no ha tenido desarrollo reglamentario y, por tanto, podría no estarse cobrando. Algo parecido cabría hacer con la distribución, cuyos elevados beneficios durante estos últimos 10 años representan buena parte del déficit acumulado.

Me llama poderosamente la atención este discurso de un responsable de energías renovables tan señalado, que tiene detrás grandes grupos económicos y financieros, desde luego capitalistas y con capacidad de hacer mucho cabildeo (entiéndase, “lobby”) con el gobierno, aunque en esto parezcan ir perdiendo, que no tenga seguridad de que se estén cobrando los impuestos que el gobierno ha decidido aplicar, como un emplasto, a las energías “maduras” como la nuclear o la gran hidroeléctrica. ¿Ven a lo que tenemos que enfrentar? Si ni siquiera se saben de las cuentas públicas de un gobierno si se están cobrando esos impuestos o no (que por otra parte habría que especificar a los ciudadanos para poder compararlos con los gravámenes de todo tipo y por todos los conceptos que se imputan a las renovables) ¿con qué cara decimos a los ciudadanos que una cosa tiene mucho o poco coste?
Por otra parte, el Sr. Crespo parece insinuar que los elevados beneficios de los oligopolios eléctricos en el sector de la distribución, que según él representan buena parte del déficit habría que limitarlos. Es decir, por un lado se teme que el gobierno le aplique una “rentabilidad razonable” a sus inversiones renovables y por otra, pide, en un sistema capitalista salvaje, que no critica, que se limiten los beneficios de los grandes oligopolios. ¿A qué jugamos? A veces los capitalistas, en sus encarnizados combates por llevarse la mejor tajada, terminan siendo meridianamente claros: los beneficios deben ser ilimitados, si son los míos y moderados, si son los de los demás; mi beneficio es tu factura, so desgraciado, dicen con una claridad pasmosa al ciudadano. Claros como el agua.

Si tampoco se remedia, otro gran triunfo de las eléctricas con esta ley podría ser el haber abortado el autoconsumo antes de su nacimiento; una medida que va en contra del ahorro, el sentido común y los criterios en Europa.

Excede del propósito de mi crítica extenderme en el llamado “autoconsumo” que algunos productores de energías renovables prefieren llamar “autoproducción”, según se mire, pero para hablar de esto, tenemos que empezar a entender, también desde el lado de los que apoyan o apoyamos a las renovables, que la red tiene que seguir existiendo y que alguien tiene que pagarla de alguna forma y no pensar de forma simplista que si hago como Juan Palomo para la energía eléctrica de mi casita, porque tengo un chalet, que ya no será necesaria para los habitantes del hacinado Móstoles o Alcorcón o tanto y tanto bloque de suburbio, donde no hay la mínima posibilidad de hacer ni autoconsumo, ni autoproducción. Ni querer saber nada de que haya que seguir llevando energía a las farolas de las calles, a los hospitales o a los colegios de nuestros hijos. Ni esto, que seria nada, como muchos pretenden, ni peajes salvajes e inicuos como los que han aparecido en algún borrador de Real Decreto como globo sonda, a ver si colaba.

Al aplazarse la reforma de la parte del mercado se pierde la oportunidad de homogeneizar la asignación de partidas que juegan su papel en el déficit. Así, al igual que los “incentivos a la inversión” de los ciclos combinados forman parte del coste de la energía, parece lógico pensar que debería aplicarse a la “retribución específica” a la inversión en las renovables. En sentido contrario, deberían sacarse del sistema eléctrico todos los costes asociados a políticas sociales, como los costes extrapeninsulares, entre otros.

Es que si se pretende una reforma de la llamada “parte del mercado”, hay que explicar con claridad de qué se trata y qué piensa cada uno. Todo ello para que finalmente el renovable Sr. Crespo termine abogando por eliminar “todos los costes asociados a políticas sociales”; esto es, llevamos décadas entendiendo que los canarios tienen una vida extrapeninsular y ultraperiférica más difícil, para que ahora vayamos a decir sencillamente “¡que les den!” o más bien “¡que les dejen de dar!”. Supongo que entre los otros, estarán también las tarifas sociales a personas que no pueden pagarse la luz, el llamado bno social. Es decir, el renovable Sr. Crespo aboga porque cada perro se lama su…herida y aquí paz y después gloria. Un buen ejemplo de por dónde van los tiros, señores ciudadanos, en uno y otro lado de este debate.

Todo el sector renovable, afectado por una permanente modificación de las reglas de juego, pide que se aborde con rigor tanto el problema del déficit, auditando los costes reales del sistema eléctrico, como la transición hacia un nuevo modelo energético; transición de la que podría beneficiarse nuestra economía. Las renovables no han sido el problema y sí pueden ser la solución. Vulnerar la seguridad jurídica, como se está haciendo, traerá consecuencias nefastas para nuestro país. Al igual que fomentar y apoyar el mantenimiento de la dependencia energética, cercenando una industria de futuro.

LOS CURANDEROS ELÉCTRICOS

Este artículo es la otra vela al diablo, considerando al diablo a los grandes oligopolios eléctricos. Un artículo concedido al presidente de UNESA, en el que éste utiliza bastante la soberbia del prepotente (el médico titulado y con la exclusividad para firmar recetas), frente a los curanderos (los tipejos esos de las renovables, que mandan pócimas sin saber por dónde se andan y que sólo sirven para envenenar al personal).

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Un curandero es alguien que, sin ser médico, propone curas milagrosas en momentos desesperados y a personas con verdaderas ansias de solucionar el problema que les aqueja.
Sin embargo, este tipo de recetas no suele ser muy efectiva, como tampoco lo son muchas de las soluciones que, en la actualidad, se plantean como remedio a los males del sector eléctrico español, que son muchos y se han visto agravados tras la reciente reforma eléctrica anunciada por el Gobierno.

Como no hay mejor defensa que un buen ataque, este señor comienza calificando a sus oponentes; veamos luego si justifica el calificativo.

En primer lugar, y como presidente de la Asociación Española de la Industria Eléctrica, me gustaría referirme a las alusiones que últimamente se hacen al déficit de tarifa eléctrica. Como probablemente ya sabe el lector, este déficit es la diferencia entre los costes regulados en los que incurre el sector eléctrico y los ingresos regulados que recibe a través de las tarifas, insuficientes para cubrirlos. Este desfase se ha ido acumulando a lo largo de los años, especialmente a medida que los costes regulados y las decisiones de política energética han ido ganando peso en el recibo eléctrico.

Otro mal ejemplo. Si hay alusiones, se deben citar y referenciar; el resto es confusión. Por otro lado, el lector, contra lo que sugiere el presidente de UNESA, PROBABLEMENTE NO SABE qué hay dentro del déficit de tarifa. Como mucho, sabe que los ingresos oficiales, contables y auditados del sector eléctrico en su totalidad resultan inferiores a los costes que el propio sector eléctrico contabiliza y audita y que crecen más a cada año que pasa. Lo que se está debatiendo no es esta obviedad, sino cómo se ha dado ese déficit, qué pone en la balanza cada quien, como se contabiliza y qué elementos o ingredientes se consideran para su análisis. Es lo que en esta guerra, cada parte elude contestar y aporta solamente los que le interesan.

En un reciente artículo publicado en este diario bajo el título Otro diagnóstico del problema eléctrico, se llega a negar la existencia misma del déficit. Algo que resulta sorprendente si se tiene en cuenta que, como consta expresamente, los firmantes de este texto han ocupado puestos de responsabilidad en el Ministerio de Energía, la Comisión Nacional de la Energía y el operador del sistema, entidades que siempre han reconocido la existencia de este déficit desde el momento en el que empezó a generarse hasta nuestros días.

De nuevo el argumento falaz. Tomar la parte por el todo. Que alguien haya dicho que no existe déficit, no significa que esa sea la postura general de todo el colectivo de personas que defienden las renovables.

Asimismo, esta actitud resulta llamativa cuando toda la reforma eléctrica del Gobierno gira explícitamente en torno a la idea de acabar con el déficit de tarifa, y cuando el ministro del ramo ha llegado a reconocer que, a pesar de dicha reforma, en 2013 seguirá generándose déficit (en concreto, de entre 2.500 y 3.000 millones de euros). Se trata, por tanto, de un problema de gran envergadura, difícil de resolver. Tal vez por ello, los principales causantes de las medidas que han llevado al crecimiento desmesurado del déficit prefieren cerrar los ojos y pensar que no existe.

La primera parte de la afirmación del Sr. Montes es cierta: este gobierno está dando tantos tumbos con la reforma del sector eléctrico, como por lo menos palos de ciego dio el anterior gobierno y con los mismos funestos resultados. Algo que reprochar al gobierno, pero que es falaz concluir que la principal razón de ese déficit sean las tarifas de las renovables y que los promotores de este tipo de energías no quieran ver que existe un déficit. Esta es una afirmación gratuita.

A menudo, los curanderos recurren también a fórmulas del pasado y remedios que ya se intentaron sin éxito, convenciendo a su crédulo paciente de que esta vez sí funcionará lo que en el pasado fracasó.
En el sector eléctrico, de forma parecida, se proponen en estos días soluciones que hace tan solo un par de años se revelaron ineficientes, costosas y contraproducentes.

Pura charlatanería que no demuestra la acusación que hace, además de tratar de identificar una y otra vez a los curanderos en los promotores de la energía renovable, frente a los “médicos” serios y únicos capaces de diagnosticar enfermedades.

De este modo vemos cómo, desde ciertos ámbitos, se están volviendo a pedir más apoyos para ciertas tecnologías renovables. Quienes lo hacen insisten además en sentirse “estafados” por el hecho de que se les haya reducido la inasumible retribución que durante años han recibido.

Sigue el S. Montes encadenando falacia tras falacia. Ahora dice que “ciertos ámbitos”, con la funesta manía de no identificarlos, quieren más apoyos, cuando es un clamor público que los promotores de las energías renovables apenas están pidiendo que se respeten las retribuciones, hoy ya muy mermadas, que en su día prevalecían cuando decidieron invertir en este sector. En este sentido, el llamado “autoconsumo” o “autoproducción” no sería, estrcitamente hablando, la petición de más apoyos, puesto que podrían vender al “pool”, sino un problema de definición más clara de costes de infraestructuras necesarias y quien las asume y cuánto cuesta hacerlo. Esta afirmación, por tanto, ya solo puede ser producto de la mala fe. Lo mismo que el calificativo de “inasumible” de la retribución que estaba garantizada por ley y no admitir que el sector que representa el Sr. Montes puede que tenga también su parte de culpa (16.000 millones, le calcula su oponente dialéctico, el Sr. Crespo, en este diálogo de sordos, antes de que las renovables empezasen a cobrar primas de carecer significativo)

Dejemos al margen la jurisprudencia, que ya ha aclarado vía sentencia que la adaptación de una retribución a las circunstancias económicas vigentes (recordemos que España está en crisis) no supone un acto retroactivo. Simplemente basta recordar cómo nos fue en el pasado cuando aplicamos la panacea que ahora preconizan estos curanderos: cuando pretendimos ser los primeros de la clase en tecnologías inmaduras que, posteriormente, otros han adquirido a precios muy inferiores. Debemos tener en cuenta la lección aprendida y reconocer que, para ganar la carrera, la clave no es agotar los recursos con un gran sprint inicial, sino ser un buen corredor de fondo.

Si la jurisprudencia ya ha aclarado que se pueden revertir al gusto los Decretos que garantizaban unas condiciones determinadas a los inversores durante un tiempo determinado, debe citar la sentencia en concreto y si esta es firme o quien la ha dictado, para que los lectores poco avisados de esta guerra abierta sepan a qué atenerse. Vuelve a atacar con saña propia de mejor destino a los que intentaron “ser los primeros de la clase” en una determinada tecnología y llegaron a figurar entre los tres primeros países del mundo en potencia instalada y también en capacidad fabril y hasta investigadora. Según el Sr. Montes, que en esto de invertir en renovables parece que se coloca también en primera persona, aunque seguramente lo hace en nombre del país, como todo buen visir, hicimos el lila y sólo conseguimos que otros puedan comprar ahora a precios muy inferiores, aquellas tecnologías “inmaduras” (ahora resulta que las quinceañeras son despreciables) que ahora que las están comprando otros, y que hay muchos promotores insistiendo en seguir adquiriéndolas en este país, no aclara si ya están suficientemente “maduras”. Su recurso al manido principio de que esto es una maratón y no los 100 metros, no viene a cuento.

La mayor parte de la reforma recae sobre los hombros de las empresas de UNESA
Mención aparte merecen las alusiones a la transparencia y las peticiones de auditorías, tan de moda últimamente. Quienes así lo solicitan parecen olvidar que las empresas eléctricas son compañías auditadas que cotizan en Bolsa y que rinden cuentas puntualmente ante los reguladores de los mercados (en España, la CNMV). Asimismo, siempre han facilitado toda la información que la CNE ha solicitado y que ahora está a disposición de la CNMC.

Esta es la parte más asombrosa del argumento del Sr. Montes. En este baile en el que todo el mundo habla de costes, sin saber muy bien de qué habla y sin explicarlo, ahora nos descubre que los grandes oligopolios energéticos españoles están auditadas y que rinden cuentas a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).
Menudo paraguas se ha buscado el presidente de UNESA para decir que sus costes son transparentes. Se habrá quedado descansado.
La verdad es que a mi que les audite alguna de las grandes sociedades auditoras que se han tragado sapos tan enormes como los de las cuentas de las grandes inmobiliarias y grandes bancos y que la CNMV también haya dejado pasar gigantescos fraudes de los que todavía estamos esperando ver en la cárcel a sus autores o dimitidos y expulsados del sector a dichos auditores y directivos de la CNMV. Me voy a permitir aquí sugerir que no hay mejor manera de conocer un coste que nacionalizar un sector que es estratégico para el país, de forma que nadie pueda ir sacando pecho con el dinero ajeno de las facturas de decenas de millones de españoles, diciendo que su objetivo en esta vida, como decían con ese punto de engolamiento en la voz, en los días de gloria del crecimiento infinito: “Hay que dar valor al accionista” y con los gigantescos beneficios se permitieron lanzarse a los mercados exteriores a comprar redes eléctricas ajenas, por el aquél de que “había que ser competitivo”.

Igualmente, es común oír hablar de la necesidad de una mayor competencia para el sector eléctrico. Una tesis, esta última, con la que, para extrañeza de muchos, no puedo estar más de acuerdo. Efectivamente, el sector precisa de una mayor liberalización, ya que actualmente la inmensa mayoría de los consumidores está acogida a tarifas marcadas desde la Administración. Las compañías eléctricas agrupadas en UNESA son las primeras que abogan por una mayor liberalización que, sin duda, redundará en beneficio del sistema y, también, del consumidor español.

El viejo recurso de nombrar la necesidad de la competencia, como si esto fuese una panacea. Todos se apuntan a ella, por supuesto, cuando en realidad, de lo que se trata es de ofrecer un servicio universal y fundamental para la sociedad, no de pasarse la vida compitiendo ficticiamente, como hacen todos los oligopolios que en el mundo han sido. El viejo recurso de nombrar la liberalización, como si fuese también otra panacea; el ancha es Castilla como solución a los problemas de este mundo. Apelar a lugares comunes, de eso parece que se trata, sin argumentos sólidos ni datos contrastados.

Los llamados costes de transición a la competencia (CTC) tampoco salen bien parados en este tipo de debates. Se comparan, equivocadamente, con las primas al régimen especial, cuando se trata en realidad de conceptos bien distintos: los llamados CTC son costes incurridos en el pasado y pendientes de cobro que, en realidad, han supuesto para las empresas 1.147 millones de euros desde los años noventa (muy por debajo de los casi 12.000 millones de euros reconocidos y comprometidos en su momento por el Ejecutivo). Por su parte, las primas son incentivos, concedidos en gran medida de manera excesiva y desordenada, para el desarrollo de determinadas instalaciones. No hay comparación posible entre ambas cuestiones.

Muy bonito esto de que los CTCs son “costes incurridos en el pasado y pendientes de cobro”. Alguien les garantizó el cobro en el pasado y eso sí va a misa. Que alguien haya garantizado el cobro en el pasado a las renovables, eso no va a misa. Pura ley del embudo del Sr. Montes. Estos, al parecer, se concedieron de forma “moderada y ordenada”, por oposición y reducción al absurdo de las primas que se han concedido a las renovables, según este mago del maniqueísmo, de forma “excesiva y desordenada”. Claro, no es posible comparar. Miren ustedes si hay ahora competencia, después del dineral que el gobierno ha volcado en esta “liberalización” y “apertura a la competencia” falaz del mercado. ¿Son las líneas de distribución tan fácilmente y físicamente intercambiables o lo que está compitiendo son nuevas ficciones contractuales, sobre viejas líneas ya instaladas, con viejos (podríamos decir también “maduros”), sistemas de generación ya instalados y con concesiones dadas?

Igual sucede con los pagos a la disponibilidad, una noción que considero preciso explicar. Las fuentes de energía renovable tienen prioridad de entrada en el mix eléctrico. Sin embargo, y como sabemos, estas tecnologías no son gestionables, puesto que dependen de las condiciones meteorológicas. Por ello, las centrales de ciclo combinado y las nucleares —cuya energía no es intermitente— deben estar siempre a punto y disponibles para dar cobertura al sistema. De esta forma, cuando no hay producción eólica ni solar, el sistema no queda desabastecido. Garantizan, por tanto, la seguridad del suministro; algo que no sería posible sin los citados pagos a la disponibilidad.

Aquí tiene un punto de razón en Sr. Montes, pero no toda. Las fuentes de energía eléctrica de origen renovable, efectivamente se gestionan mal (es algo interesado decir que no se gestionan). Y efectivamente, las centrales de gas de ciclo combinado sí lo son y hacen ese importante servicio de complementar la prestación del servicio cuando no hay luz solar o no hay viento. Pero también lo hacen igualmente bien las centrales hidroeléctricas y lo harían igualmente bien las plantas de bombeo inverso, de alguna de las cuales de reciente inauguración ha presumido recientemente en Consejero delegado de Iberdrola. También son gestionables las centrales que generan con fuel, aunque estén casi todas ellas en los archipiélagos, donde no se dice que poner centrales de gas exige la creación de una costosa infraestructura de puertos de regasificación y hasta gasoductos y donde los saltos hidroeléctricos son prácticamente nulos. Sin embargo, las centrales nucleares o las de carbón son gestionables con bastante dificultad. Hay que expresar estos conceptos con claridad y con menos demagogia, sin embarullarlos a capricho, para reforzar argumentos propios. Son útiles en tanto en cuanto cubren lo que se llama la demanda de base, generalmente hasta cubrir algo menos del mínimo nocturno de consumo nacional, pero resultan muy poco flexibles y entorpecen la generación de energía renovable si la generación de renovables, que se coloca sobre la demanda base, supera el consumo valle en determinados momentos, lo que obliga a desconectar parques, generalmente eólicos. Todo esto son cuestiones de dimensionamiento que se configuran y dibujan siempre tamizados por los intereses particulares de cada sector (que son exclusivamente económicos) y pocas veces con el interés general y a largo plazo y sobre todo, con el interés estratégico de disponer de energías no dependientes del exterior. La cerrazón y el puro interés económico y los privilegios adquiridos de unos pocos impiden a las partes sentarse con las cartas boca arriba y dejar que un árbitro serio decida las estrategias a largo plazo por el bien común. Mientras haya políticos de toda laya sentados en Consejos o percibiendo remuneraciones escandalosas de los oligopolios energéticos y conociendo como conocemos las sevicias de este bipartidismo que nos gobierna en alternancia muy bien estudiada pero sirviendo inequívocamente al poder del capital, va a ser muy difícil descubrir dónde esta el norte de una política energética sensata.

Por otro lado, en algunas ocasiones se llega a culpar a las compañías de UNESA de que los costes de política energética se incluyan dentro de la tarifa eléctrica. Una acusación que llama la atención, puesto que esta asociación considera que los costes de política energética no directamente vinculados al suministro de energía no deberían formar parte del recibo que pagamos todos los consumidores; unos sobrecostes políticos que, sumados a un elevado volumen de impuestos, hacen que alrededor del 50% de la tarifa que pagan los consumidores no tenga nada que ver con los costes reales de producir y suministrar electricidad.

Toda una futilidad volver con la burra al trigo de los costes y los sobrecostes de la política energética. Esos costes son los que dicta la poderosa ingeniería financiera de estos cabildeos (“lobbies”) y tragan sin pestañear auditores y la propia CNMV, con la misma alegría con que se tragaron los agujeros negros de la banca que ahora estamos pagando religiosamente los ciudadanos, como pagamos y pagaremos el déficit de tarifa eléctrica y de las grandes constructoras (vienen a mi mente Reyal Urbis o Martinsa-Fadesa, por nombrar unas pocas. Ejemplos en el extranjero, por si alguien cree que los auditores solo la cagan en España son los de Enron o tantos otros. Como para creer a estos validadores de costes). El día que esta industria esté nacionalizada en su totalidad, podremos acceder a las verdaderas tripas de estos oligopolios, libres ya de artificios contables (expresión de los jueces que juzgaron a Mario Conde) e ingenierías financieras. Mientras tanto, se pueden ahorrar explicarnos que tienen mucho coste y poca venta, mientras sigan hablando de “dar valor al accionista” sin tasa alguna.

En el mencionado artículo se llega incluso a decir que los consumidores y las energías renovables son los principales paganos de la reforma eléctrica cuando, en realidad, la mayor parte de la reforma recae sobre los hombros de las empresas de UNESA.

Estos victimismos gratuitos sin explicación de ningún tipo ni aportación de datos irrefutables por la otra parte, son los que llevan arrojándose a la cara unos y otros y seguimos sin saber cuánto de verdad hay en cada uno.

Es importante que, desde todas las posiciones y desde todos los puntos de vista, se propongan soluciones que contribuyan a poner orden en un sector tan relevante como es el eléctrico. Es importante que la reforma que finalmente salga del Parlamento no hunda una industria como esta, fundamental para el crecimiento de la economía española, para su competitividad y para el empleo. Pero dichas aportaciones han de ser rigurosas.
A veces los ungüentos milagrosos de los curanderos tienen un envoltorio más atractivo que lo que te receta un facultativo. Pero, personalmente, yo me fío más del médico.

Como era de esperar, el cierre es una apelación, que desde luego considero superficial y vacua de contenido a proponer soluciones desde todos los puntos de vista ¡faltaría más!, pero siempre recalcando que aquí, a la hora de proponer soluciones, todos somos iguales, como decía Orwel, pero unos más iguales que otros. Que los únicos que pueden recetar son ellos, que son los médicos; los demás, somos apenas curanderos. Dejad que las cosas serias y “rigurosas” las cabildeen los doctores que tiene la Iglesia eléctrica y a los curanderos renovables, ajo y agua y resina.

CONTINUARÁ, YA QUE ESTO ES UNA INTERMINABLE SAGA.


12 comentarios on “CON EL DÉFICIT DE TARIFA A CUESTAS”

  1. Josema77 dice:

    Cuando España iba bien se liaron la manta a la cabeza y construyeron centrales de ciclo combinado, parques eólicos y huertos solares a go-go. Parecía que la demanda iba a ser infinita, pero llegó la realidad del cénit del petroleo y desde entonces la demanda no deja de caer, así que los de siempre tendremos que pagar la factura. Ese es el resumen de la reforma eléctrica. Como bien escribes Pedro no les interesa una discusión de verdad poniendo todas las cartas boca arriba sobre la mesa, sino confundir al lector para arrimar el ascua a su sardina

  2. Jose dice:

    Hola Pedro, te dejo este enlace que seguro te resulta interesante
    http://dfc-economiahistoria.blogspot.com/2013/11/el-gran-mito-de-la-escasez.html

    Saludos!!

  3. Eduardo Diaz dice:

    Ya se que es un poco offtopic pero que os paso con el foro??.

    Me dedico profesionalmente al hosting, me encantaria ayudaros a volverlo a lanzar si quereis.., gratuitamente por supuesto, creo que haceis una labor increible.

    Saludos!

    • Muchas gracias, Eduardo. Creo que Daniel, el otro editor, ha debido pasarle ya la información a otro experto a ver qué puede haer. Hay un mensaje más abajo en el que jacmp explica que ya tiene la información y que lo que le falta ahora es tiempo, un mal común que nos aqueja a todos en este mundo. Ruego te pongas en contacto con él, por si hay forma de coordinarlo.

      Saludos

    • jacmp dice:

      Hola Eduardo. Efectivamente estoy tratando de arreglar el problema con el antiguo foro. Si me dices cuál es tu empresa de hosting trataré de ponerme en contacto contigo, no me gusta dar mi correo en un foro público (jodido spam)

  4. jacmp dice:

    ¡¡¡Muy buenas noticias!!! Con la inestimable ayuda de un amigo y no pocas horas de dedicación he conseguido migrar el foro a la versión de 2.0.0 de Geeklog. Aún queda mucho trabajo que hacer, arreglar las páginas estáticas (convertirlas a UTF-8 y ver cómo quedan), intentar hacer alguna prueba de carga, apariencia… Pero tanto el foro como las noticias son plenamente funcionales y por supuesto no se ha perdido ABSOLUTAMENTE NADA.

    Aquí dejo una captura de pantalla de lo que tengo hasta ahora: http://i41.tinypic.com/zxv19v.png

    Según vaya avanzando os iré contando, pero desde luego mi intención, si no se complica nada con el hosting, es que en 2014 el foro pueda estar nuevamente “up and running”.

    Un cordial saludo

  5. berkana dice:

    Bravo, que tengo mono , de crisis energetica, un abrazo y gracias


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