Sobre cómo elaborar un comité de “Expertos”

Recientemente, en este país que envejece a chorros desde el punto de vista no sólo de la edad, sino también de la capacidad de generar ideas, el gobierno ha confeccionado una lista de los llamados “expertos”, para que extrajesen conclusiones de hacia donde va el sistema de la Seguridad Social y el de pensiones.

El pasado 10 de abril, el gobierno nombró a estos “expertos” para que “definieran cual era el mejor modelo para aplicar el llamado “factor de sostenibilidad” (obsérvese lo ecológicos que se han vuelto en el gobierno últimamente: ahora quieren “sostenibilidad” a toda costa) elaborar un informe para el llamado “factor de sostenibilidad” (las comillas son mías).

Cuando el público ha querido enterarse, ya habían salido con unas conclusiones sobre el “qué hacer”, de dijo Lenin en su día, pero al contrario. Y la respuesta ha sido una fórmula del factor de actualización anual de las pensiones que es una ecuación indigerible. Nada menos que esto:

Fórmula

El común de las gentes, no está para algoritmos complejos y piensa, con bastante razón, aquella famosa frase de “se temen mejoras”. Los que escudriñan algo más, descubren ahora la rueda de que dentro de los factores hay hasta lo que se ha dado en llamar “coeficiente de equidad intergeneracional de las nuevas pensiones”. Parece algo nuevo, pero es una vieja rueda de carro. Es lo que aprendí de mis padres, sin necesidad de fórmulas, no sólo por que lo aprendí de su comportamiento, sino por lo que  siempre me habían dicho (y vi con mis propios ojos) que hicieron ellos por los abuelos y mis abuelos por mis bisabuelos y así hasta una generación antes de Adán y Eva, que los pobres no tuvieron a ningún padre del que hacerse cargo: cuidarlos con mimo y en cualquier circunstancia. Pero claro, dicho en palabras de los expertos, parece una rueda de nueva tecnología, de esas que ahora están siendo investigadas en los circuitos de Fórmula 1.

En el formulajo, también se considera la fabulosa “esperanza de vida”. Y al parecer han descubierto que cuanto más duren los individuos, menos habrá para cada uno de ellos de los que los tienen que cuidar. El huevo de Colón, vamos y para ello han necesitado nada menos que de un exponencial. No he investigado esta joya de la matemática abstrusa con mucho subíndice esotérico para saber qué sucedería con las pensiones de los supervivientes a un colapso social, que propiciase un descenso brusco de la totémica “Esperanza de Vida”: ¿Se forrarían los ancianos supervivientes con las revalorizaciones de sus pensiones, por puro algoritmo?

Lo más bonito de todo, es que parece que es el “Comité de Expertos” el que se ha reunido libremente o a pedido del gobierno y ha establecido la “equidad” para la “sostenibilidad” de la “ancianidad” y aunque no lo he deseado, me ha salido un pareado. Vaya enjuague semántico para salvar la cara. Pero resulta sospechoso que esta reunión haya sido promovida sólo cuando los verdaderos poderes (la Troika, se viene a dar en llamar ahora), han forzado al gobierno de España a meter mano en la caja de salarios de funcionarios, pensiones de ancianos, servicios sociales en sanidad o en educación.

Pero vayamos al grano. Es evidente que si la economía mundial no puede crecer o no crece por las razones que sean o incluso decrece (crecimiento negativo, diría cualquiera en el poder), que no se podrá gastar lo mismo en las mismas cosas que se gastaba antes. No hace falta ser doctor en Ciencias Económicas para saberlo. Uno, sin ser un experto, lleva hablando desde 2003 de la crisis energética mundial, con constancia documental de que los efectos de la misma podrían empezar a notarse hacia el 2010 (fecha del llamado cenit de la producción mundial de petróleo) y que ello que llevaría a una imposibilidad de crecimiento,  material y por tanto económico, por falta de más energía que en el año anterior y ello, por tanto a una severa y permanente crisis económica y financiera y a un descenso importante de los niveles de vida. He recibido durante todo este tiempo decenas de improperios sobre mi carácter apocalíptico, sobre mi visión negativa de la vida (hay que ser positivo, dicen los que ignoran que un pesimista suele ser un optimista bien informado).

La cuestión es que los “expertos”, si hubiesen sido mínimamente consecuentes, no deberían haber aceptado la petición del gobierno de reunirse para sacar una conclusión de qué hacer con las pensiones, sino de qué hacer con el país entero: pensiones, sanidad, educación, gastos militares, verbenas, publicidad, alimentación infantil, cuidado a los marginados, bancos y sus estafas y ayudas, bolsa de valores y sus especulaciones, agricultura y ganadería (donde está y radica la verdadera “sostenibilidad”), pesca (ya muy insostenible), industria productiva, extractiva o incluso del ocio (vomito cuando veo a Sheldon Adelson), turismo (muy insostenible, si la crisis se acentúa), obras públicas y privadas necesarias e innecesarias y una miríada de cosas más de las que a buen seguro se podría ir ajustando la merma de recursos y capacidades que la crisis impone.

Pero en fin, lo hecho, hecho está, aunque siempre se pueda luego anular, como todo en esta vida. Ahora quisiera comentar otro asunto que me ha llamado poderosamente la atención.

Al publicarse las conclusiones del Comité de “Expertos”, las reacciones en los medios han sido y siguen siendo fulgurantes. Los medios que suelo denominar del pesebre y del abrevadero, es decir, los de cuya misma existencia pende de las grandes corporaciones y de la publicidad e inversiones de éstas en los mismos medios, se han limitado generalmente a decir eso, que son “grandes expertos” y a analizar inmediatamente las filiaciones para saber si son de los de la banderita roja (PSOE) o de los de la banderita azul (PP). Este comportamiento entra siempre dentro de lo que se les permite opinar sobre el bipartidismo monopolista. Y desde luego, no se les ocurre cuestionar, ni por lo más remoto, la enorme capacidad de estos “expertos” para decidir el futuro de varios millones de futuros (y ya veremos si no de los presentes) jubilados y pensionistas. Para ello, cuando se empieza a exigir que nos digan cómo el gobierno seleccionó a estos señores y señoras y quienes son, se lanzan al público sus impresionantes currículos.

Uno pensaba que la izquierda (no me refiero al PSOE) debería hacer alguna crítica más profunda a estos nombramientos y a su forma y a sus objetivos marcados de antemano como en las buenas juergas de tahúres. Pero no, en general también viene a descubrir que esa izquierda, anda algo perdida, porque se ha centrado en exprimir de sus currículos sus inclinaciones partidarias. ¡Aja! Este ha trabajado para la FAES; ¡hombre, pero si este trabaja en la patronal de las compañías de seguros privados! O ¡fíjate, el tipo es de Comisiones y encima vota a favor de rebajar las pensiones! Y así sucesivamente. Dentro de esta izquierda, sigue habiendo mucha gente que piensa que sigue habiendo manteca para tirar al techo para mantener nuestro insostenible modo de vida occidental y que solo es cuestión de redistribuir. Sin negar que la redistribución más justa de lo existente es lo primordial, este sector sigue ignorando que la Tierra se está agotando y sus principales recursos también

A mi, con esta mente tan retorcida que tengo, se me ocurre alguna cosa más que comentar. Cuando veo los perfiles, no de los cargos o filias y dependencias de los llamados “expertos”, sino de su formación académica, que muy pocas veces se describe en los medios convencionales, pero que hurgando se puede encontrar en el oráculo de Google, salen cosas como sigue:

  • Victor Pérez Díaz. Sociólogo. UNESPA, patronal del seguro privado. Relación con FAES
  • Rafael Doménech. Economista. Ha trabajado para UNESPA y AVIVA compañías de seguros privados. Número dos del servicio de estudios del BBVA. Catedrático de la Universidad de Valencia.
  • Mercedes Ayuso. Economista. Catedrática en Barcelona.
  • Manuel Lagares. Economista. Director General Adjunto de la Confederación Española de Cajas de Ahorros Catedrático en Alcalá de Henares.
  • Ignacio Conde-Ruiz. Economista. Asesor de AVIVA. Colaborador de FAES
  • Miguel Ángel Vázquez Burgos. Tiene escondido el curriculum en Google. Jefe del servicio de estudios de UNESPA y experto de AVIVA
  • Miguel Ángel García. Economista. El director del gabinete económico de CC OO y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos. Apoyó el acuerdo.
  • Santos Ruesga. Economista. Catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Asesor de la Comisión Europea y el Banco Mundial. PSOE. Se opuso al acuerdo (el único).
  • José Luis Tortuero Plaza. Abogado. Catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad Complutense. PSOE. Se abstuvo.
  •  José María Marín Vigueras. Economista. Catedrático de Economía Financiera por la Universidad Carlos III. Expresidente de la Asociación Española de Finanzas (AEFIN), director del centro de investigación en Economía Financiera (CREF). Es también miembro del Grupo de Asesores Económicos (GEA) y de la Autoridad Europea de los Mercados de Valores (ESMA).
  • José Enrique Devesa Carpio. Economista. Departamento de Economía Financiera y Actuarial. Facultad de Economía. Universidad de Valencia. Galardonado por la fundación Edad y Vida, que incluye a varias aseguradoras.
  • Francisco Castellano Real. Economista. Catedrático de Hacienda Pública por la UNED y jefe de asesoría fiscal de la CECA. Actualmente es secretario Colegio de Economistas de Madrid y asesor fiscal.

Veo con sorpresa que hay 9 economistas, un abogado y un sociólogo. Esto empieza a resultar muy alarmante. Queda al descubierto que las principales decisiones que rigen hoy al mundo las está tomando gentes que se han graduado en esta disciplina, tan lejana de las ciencias exactas. Que el futuro de la sociedad lo puedan decidir estos grandes “expertos” de la economía, ninguno de los cuales siquiera intuyó que este modelo de sociedad se iba al carajo más pronto que tarde, es lo que más preocupante me resulta.

En un mundo ideal, en el que los golfos que nos gobiernan hubiesen querido analizar la situación con algo más de pluralidad y objetividad y unas miras más amplias (amplitud de miras o sentido del Estado suelen llamarlo ellos mismos, cuando se ponen pomposos o necesitan ayuda), yo sinceramente echo de menos algunas disciplinas tales como, historiadores, que pudieran contar a los demás como los imperios y naciones, incluso las más poderosos, suben, llegan a su cenit y se hunden o desvanecen. Echo de menos en el grupo de expertos a filósofos, que ayuden a meditar sobre si el sentido de la vida exige priorizar recortes a ancianos o a otras actividades humanas, en una sociedad tan derrochadora; faltan, a mi juicio, biólogos y físicos o bien naturalistas, que enseñen a los economistas el concepto de límites biofísicos de la Naturaleza y el verdadero sentido de la “sostenibilidad” de la que tanto presumen preocuparse ahora, pero exclusivamente para las pensiones. Noto la ausencia de demógrafos, que puedan decirles que lo que supone el crecimiento de población y sus límites y no sólo el envejecimiento de la misma. No han llamado a matemáticos o estadísticos, para que ayudasen a los economistas a no retorcer con fórmulas infumables la realidad y a ofrecerles ecuaciones más sencillas y accesibles a todos (el bue matemático es siempre elegantemente simple). Faltan médicos, que puedan contar entre los “expertos” lo que supone ser viejo. Por faltar, quizá hasta falte algún psicólogo o psiquiatra, para dar algunas sesiones al resto del grupo y a los que eligieron a los candidatos (alguien los llamó por teléfono y los convocó; queremos el nombre de esa persona también, para preguntarle por su criterio de selección, aunque en cuanto se hurga se ve claramente cual fue), posiblemente muy necesarias. Por haber, habría que haber llamado a algún militar, experto en estrategias, como ha hecho el gobierno alemán o el británico para analizar la crisis energética (y lo que la rondará en los aspectos sociales y de disturbios potenciales), porque en algún momento esto estalla. Hubiese sido muy oportuno contar con algún jubilado o pensionista, que representase a las organizaciones de jubilados y ancianos y les contase como se sienten, por ejemplo, las viudas que ahora cobran 400 euros al mes y además tiene que dar de come al nieto. Dado que ya hemos visto que han llamado a algún  afín a las dos principales organizaciones sindicales, no insistiremos sobre ese particular. Pero podrían haber llamado a algunos trabajadores no sindicados, para variar, ya maduros y de todos los rangos y profesiones, que ven alejarse el horizonte de su jubilación, más que nada, para sentir en el Comité el pálpito del pueblo. Para que no piensen que discriminopor razones de religión, yo hubiese incluído en el lub hasta a un cura, para que aportase la visión religiosa sobre cómo tratar a los ancianos. Podrían haber invitado también a algún político profesional, ya de paso, de los que prometieron electoralmente que no se tocarían las pensiones, para ver si a la vista de las conclusiones, decide hacerse el harakiri o sigue en el chiringuito y no dedicarse a manipular a y a inducir, desde la sombra o desde el tendido, al grupo de “expertos” sobre el objetivo buscado para las pensiones. Podrían haber invitado a algún inmigrante, de los que han estado cotizando y ahora se tienen que marchar de vuelta a su país, antes de que sus aportaciones hayan surtido efecto alguno. También podrían haber incluido a algún otro inmigrante sin papeles, de esos que trabajan en negro para un señorito blanco sinvergüenza y no cotizan y que, por tanto a ellos esto se la trae al pairo este dilema de lo que van a cobrar de mayores, aunque no su propia supervivencia. Y para terminar, podrían haber metido en el Comité a algún parado o matrimonio de parados de larga duración, para que explicase cómo ven ellos su pensión, una vez que ha acabado su prestación y se quedan en blanco a los 46 años, con tres hijos en edad escolar y si están de acuerdo con la fórmula matemática sobre la “esperanza de vida”. Observen que he dejado interesadamente fuera a algún geólogo o ingeniero del petróleo o energético, para que explique claramente a todo el mundo que la energía principal, la energía fósil, está llegando a su cenit y que si no hay más energía a cada año que pasa, no va a haber más crecimiento económico; y que si no hay crecimiento económico (y no hace falta ser economista para saber esto), el sistema financiero tal y como lo conocemos, se va a desplomar (si es que no está desplomado ya y disimulando) y que por tanto, efectivamente es una cuestión de pensar, entre todos y no sólo una casta, cómo nos vamos a tener que ir apañando y qué prioridades habrá que considerar (y no sólo las pensiones, sino hasta los salarios de los futbolistas de primera o de los de los señores diputados) en la cuesta abajo desde la cumbre del derroche en que hemos vivido en algunos países privilegiados del Occidente rico, antes de tocar las cosas de comer, que deberían ser las últimas.

En fin, que veo el asunto vergonzosamente manipulado por la casta de economicistas devenidos en “expertos” en hacer lo necesario para que resulte lo conveniente. Y por eso no me he podido aguantar.

Pedro Prieto.

8 de junio de 2013

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Cursos de Verano de la Universidad Autónoma de Madrid. Transiciones a la sustentabilidad

Cursos de verano

Transiciones a la sustentabilidad: alternativas socioecológicas

Desde hace más de cuatro decenios, sabemos que una crisis ecológico-social originada por el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta pone en entredicho las posibilidades de una vida humana digna en un planeta habitable. 1972 podría servir como fecha de referencia: es el año en que se publica el primero de los informes al Club de Roma, Los límites del crecimiento, y también la fecha de celebración de la primera de las “cumbres” de NN.UU. sobre medio ambiente, en la ciudad de Estocolmo. Desde 2007, la crisis sistémica multidimensional del capitalismo se ha agudizado de tal forma que para sectores crecientes de la población, en muchos lugares, la “cuestión del sistema” vuelve a estar abierta. Al mismo tiempo, no obstante, el tiempo y los recursos necesarios para una transición ordenada hacia sistemas socioeconómicos sustentables van menguando; quizá esté cerrándose nuestra “ventana de oportunidad”. El curso evaluará las perspectivas de esta clase de transiciones a la sustentablidad.
            Se trata de una de las primeras iniciativas del Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas. Creemos que un destacable rasgo de este grupo de investigación es la interdisciplinariedad que aportan sus integrantes, especialmente valiosa a la hora de abordar un objeto de estudio tan poliédrico como esas posibles transiciones (hacia formaciones sociales caracterizadas por valores de sostenibilidad, justicia y democracia) donde se entremezclan necesariamente dimensiones económicas, ecológicas, políticas, sociales, éticas, culturales…
 
Dirige Jorge Riechmann.
Días 15 al 17 de julio de 2013. Centro Cultural La Corrala
Calle Carlos Arniches 3 y 5. Madrid
 

 

 

La mierda radiactiva sigue supurando en Fukushima

Joder con la situación en Fukushima. Lo primero es agradecer a Javier Salas que haya preguntado al español Juan Carlos Lentijo, jefe de la misión internacional de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés),y miembro del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) español, aunque luego haya tenido que publicarlo en un medio de poquísima difusión.

http://esmateria.com/2013/06/03/la-situacion-en-fukushima-esta-muy-lejos-de-ser-normal/

Y agradecer a este responsable que se haya prestado a contestar ciertas preguntas que al parecer muchos otros medios no publican o no consideran importante publicar, ellos sabrán por qué. Por ello, lo segundo es criticar a tanta prensa de pesebre y de abrevadero que calla y otorga de forma tan miserable respecto a este gigantesco problema. Ahora, algunas de las cosas que hay que ver entre líneas.

 

  1. Lentijo afirma que ahora hay caminos en las cercanías de la central y que se ha retirado, suponemos que una buena parte del material suelto o escombros que habíaen el emplazamiento. ¿Por qué no nos informan dónde ha ido a parar ese material y en que condiciones de contaminación o radiación se encuentra?

 

  1. Afirma que la central está llena de tanques para almacenar el agua contaminada. ¿Por qué no nos cuenta cuánta agua hay almacenada, su grado de contaminación, qué piensan hacer con ella en el futuro, cuánto se espera duren esos tanques, si se han construido para aguantar otro maremoto, qué caudal de agua contaminada está saliendo de la refrigeración de los reactores y hasta cuando va a seguir teniéndose que almacenar el agua resultante contaminada por haber refrigerado el magma de los núcleos fundidos? Son preguntas esenciales para entender de qué se trata esto. No sirve de mucho decir que ahora están mejor que después del estallido de los reactores nucleares.

 

  1. Menos mal que Lentijo admite que la situación en Fukushima no es de “relativa normalidad”. Utiliza una expresión más suave, como que “está más controlada”. Los datos que ofrece son vagos y genéricos, tales como “precauciones especiales” “lo niveles de radiación continúan siendo muy altos” (¿cuánto, hombre, cuánto?, ¡dilo!) y “tardará tiempo en que eso baje” (¿cuánto, hombre, diga usted cuánto y en qué condiciones y con que costes esperados y explique a cuánto tiene que bajar la radiación para que lo consideren “controlado” o “limpio”)

 

  1. Al preguntarle por los trabajadores que hay allí, la respuesta es también intencionalmente vaga. Lo único que hace es decir que “tienen el ánimo muy alto” (¿pero es un técnico en radiaciones y peligros radiactivos o es un psicólogo?) y que “las cosas dependen mucho de su éxito” y después admite que las tareas a que están sometidos son “estresantes” ¿qué tipo de estrés, podríamos preguntar?. ¿A qué “cosas” que dependen del éxito de los trabajadores se refiere?  Cuando vuelve a preguntar Salas sobre contrataciones irregulares de operarios que se oyen en prensa ¿Por qué no menciona la prensa que lo denuncia, porque no es la prensa de gran difusión del pesebre y del abrevadero?, la sorprendente respuesta del jefe de misión de la AIEA es que su “misión no ha entrado a este asunto”. Joder, si no entran ellos a valorar la cualificación del personal que tiene que manipular reactores fundidos y materiales contaminados, ¿a quien le va a corresponder esto?. Dice el tipo que “me lo puedo imaginar”. Toma, yo también me lo puedo imaginar, pero él no está sólo para “imaginar cosas” en Fukushima y si está para eso, mejor que se salga de allí. Habla de que hay diariamente en la zona entre 3.000 y 4.000 personas trabajando allí. Sería muy de desear que alguien nos hablase de durante cuánto tiempo pueden trabajar estas personas en la zona en función de lo cerca que se encuentren de los reactores fundidos y cuándo alcanzan los niveles máximos permitidos de radiación; que nos contasen qué protocolos llevan para reemplazarlos. También querríamos saber el grado de voluntariedad de estos trabajadores. Y por supuesto, cómo están garantizando en los “cientos y cientos de contratos que TEPCO está haciendo con subcontratistas de cientos de empresas, que sus conocimientos de manipulación de elementos altamente radiactivos son suficientes. Los tipos de entrenamiento a qué se les somete, los niveles de radiación que van recibiendo. Cuántos operarios han pasado desde el comienzo; cuántos han llegado a los límites máximos de radiación,. Qué tipo de protocolos médicos y sanitarios de seguimiento de posible desarrollo de enfermedades de estos trabajadores están siguiendo y sus datos públicos. O qué hacen con los materiales que retiran. También que nos hablasen y detallasen cuánto esperan que duren las estructuras con las que ahora están “vistiendo” el agujero negro inmundo de los reactores fundidos. Y algunos cientos de asuntos críticamente importantes, no estas vaguedades. Es muy decepcionante, por no decir lamentable, que el máximo responsable de la AIEA en Fukushima diga que “es difícil retener a este personal”, sin ofrecer más datos y que apenas suelte que “se está haciendo un esfuerzo muy grande por mantener las dotaciones de personal (que tampoco evalúa, ni en personas, ni en medios, ni en dinero, ni hasta el momento ni las previsiones en el futuro). Y finaliza sugiriendo que hay que ofrecer “medidas de prevención y protección ante “accidentes laborales” (el entrecomillado es mío. Aparte de que a alguien se le pueda caer una grúa encima, ¿no queda claro que esos posibles accidentes son los riesgos de sobredosis radiactiva? ¿Qué es eso de llamarlos “laborales”? Y además, dice que hay que hacerlo, para que los operarios “tengan la sensación de que contribuyen a solucionar un problema para el país, no que lo hacen para ganarse la vida”. Esta última expresión, huele fatal, sinceramente.

 

  1. También reconoce Lentijo que “Fukushima era impensable y, desde mi punto de vista, evitable”, lo que deja claro que este responsable del CSN, como casi todos los que han vivido y viven de la industria nuclear, van a seguir pensando, de por vida, que estas cosas pasan pero que se puede evitar que vuelvan a suceder. Sin embargo, más adelante reconoce que el organismo regulador japonés de la Energía Atómica Japón era “débil” y con papeles no claros y que ahora irá mejor porque estará más en línea “con los estándares internacionales” (y no le da vergüenza decirlo, ni a él, ni a los japoneses, al parecer). Y eso es Japón, antiguo paradigma de seriedad y suficiencia tecnológica, y financiera y gran disciplina y bajísimo nivel de corrupción comparado con el resto de los países. Menos mal. Conmueve por tanto, la fe de este responsable de la AIEA de que esto se puede evitar que algo así vuelva a producirse. ha solicitado ayuda a la AIEA y según Lentijo ha pasado la información de forma abierta y completa. Pero la cosa ha quedado entre los “expertos” y al final, los ciudadanos del mundo seguimos ciegos y huérfanos de datos elementales sobre qué está pasando realmente allí

 

  1. Lentijo confirma a Salas que 30 ó 40 años es un periodo razonable para desmantelar Fukushima y que incluso puede que sea menor gracias a su inversión en I+D”. De nuevo la tecnología nos salvará. Ahora nos enteramos de que el reactor de Three Miles Island tardó eso en “desmantelarse”. Ahora sólo hace falta que nos expliquen qué significa exactamente “desmantelar”; esto es, adónde se llevan todos los desechos, residuos y materiales contaminados, incluyendo trajes usados, maquinaria, etc. O dónde se “descontamina” 8 adónde van a parar las partículas radiactivas de los elementos “descontaminados”. Y que nos infirmen si “descontaminar” para ellos, es enterrar en hormigón o en cualquier otro cofre, con un cierto nivel mínimo de seguridad de que en un cierto periodo mínimo de tiempo no van a salir al ambiente. Por ejemplo, con los famosos tanques de agua de mar contaminada que crecen por horas. En fin, una lamentable falta de transparencia y vuelta a la utilización de los consabidos tics y respuestas estándar de la industria nuclear.

 

  1. La “gestión del agua” es lo que parece preocupar más a Lentijo. Esto de “gestionar” es otro eufemismo clásico de una industria nuclear patas arriba. “Gestionar” para ellos, parece ser encontrar recipientes, a razón de 400 m3 diarios (unos 40 camiones cisterna de 10 toneladas o metros cúbicos cada uno como mínimo). Luego habla de “prohibición tácita” de no verter esa agua marina de vuelta al mar, una vez contaminada. ¿Qué es eso de “tácita”? A veces el subconsciente traiciona de forma miserable. ¿Y qué significa “la descontaminan lo más que pueden”? ¿Por qué no explican de una vez con qué maquinas se está “descontaminando” esa agua, con qué niveles de contaminación por m3 llega y con qué niveles sale y si los niveles con los que sale de esas maravillosas máquinas ya permite verter el agua al océano de nuevo? Y suponiendo que el agua contaminada se “descontamina” los contaminantes que quedan en otro lugar de la máquina ¿adónde van? ¿Por qué no nos lo explican? Son capaces de diferenciar uranio en sus diferentes isótopos, plutonio, cesio o los demás elementos radiactivos que hay en estos casos? Son capaces de tratarlos de forma discriminada, teniendo en cuenta que cada uno tiene un periodo de semidesintegración y unos efectos en emisiones de partículas ionizantes totalmente divergentes o va todo al mismo saco y adónde va a parar ese saco? ¿A tomar por saco?. Al final, lo que viene a recomendar el Sr. Lentijo, nada menos, es que “tienen que negociar con las autoridades para ver si hay algún margen, porque es insostenible seguir acumulando el agua allí”. El llamado “margen” que hay que negociar, es que viertan de una puñetera vez el agua supuestamente “descontaminada” al mar, aunque haya quedado tritio o lo que sea en ella. Y encima dice que no se hace, porque los japoneses, especialmente los pescadores, son muy sensibles a este tipo de vertidos. Como si no se hubiesen contaminado de forma brutal los alrededores y las aguas circundantes y no estuviesen evacuados cientos de miles de personas en un radio de veintitantos kilómetros de la central. Y sobre todo, que siguen sin informar.
  2.  
  3. Y al final, habla Lentijo de 1 milisievert que se ha fijado como límite en el borde (pero en el exterior) de una central, se supone que de las destrozadas (difícil saber cual es el límite exterior o interior en una central destrozada) y resulta que en los lugares de colocación de los cientos de tanques de almacenamiento del agua contaminada que sigue aumentando, ya admite que hay más de 1 milisievert. ¿Pero cuánto más?. Para luego, decir que no hay nadie en ese límite teórica del borde de la central, porque éste es un área restringida. Pero antes, ha dicho que ya están tomando forma y hemos visto muros de construcción (o contención) de las centrales dañadas, que se supone estaban en el “borde” de la central. ¿Quién ha estado construyendo allí y durante cuánto tiempo? ¿Qué radiaciones y efectos han tenido?

 

En fin, en este drama hay muchas mas sombras que luces y a ello contribuyen también los responsables oficiales de la investigación, que son todos miembros del lobby nuclear. Los operarios, sin embargo, que trabajen y se radien y si hace falta se reemplazan o se les convence de que lo hacen por la Patria y no por dinero. Y sigue sin darles vergüenza. Y siguen sin arrepentirse. Y siguen con la herida abierta, sin confesar que esto es una mierda y un caos sin solución que solo se puede atender malamente, si se trata de un país con ingentes recursos económicos y financieros y una población obediente y hasta suicida si se lo mandan.

 

¿Cómo lo haríamos aquí en Almaraz (dos centrales nucleares de 1 GW cada una) y una población mucho menos sumisa, uniformada, una población mucho menos numerosa, con muchos menos recursos económicos y financieros, si esos reactores se van a la mierda por cualquier causa?