Entrevista a Dennis Meadows

La asociación Touda ha traducido una entrevista a Dennis Meadows, co-autor del famoso The Limits to Growth, que ha estado circulando por Internet en las últimas semanas. La entrevista no es nueva, es de hace un año, pero sin duda tiene un titular impactante: “No hay nada que podamos hacer“.

Meadows se refiere a la “naturaleza” del hombre:

Habría que cambiar la naturaleza del Hombre. En lo básico estamos programados exactamente igual que hace 10.000 años. Si uno de nuestros ancestros era atacado por un tigre, tampoco estaría preocupado por el futuro, sino por su supervivencia inmediata. Mi preocupación es que por razones genéticas no somos capaces de tratar cuestiones a largo plazo como el cambio climático. Mientras no aprendamos a hacer eso, no hay manera de resolver todos estos problemas. No hay nada que hacer. La gente siempre dice: “Tenemos que salvar el planeta”. No, no tenemos. El planeta se va a salvar solo de todos modos. Siempre lo ha hecho. A veces le llevó millones de años, pero al final se salvó. No tendríamos que preocuparnos por el planeta, sino por la especie humana.

También hace otras afirmaciones, como esta:

La producción de petróleo se reducirá aproximadamente a la mitad en los próximos 20 años, incluso contando con la explotación de las arenas asfálticas y el gas de esquisto.

Al respecto, el blogger Stuart Staniford (anteriormente uno de los escritores habituales en The Oil Drum) dice lo siguiente:

For oil production to halve over the next twenty years, it would have to decline on average by 3.5%/yr throughout that time (possibly some years by more, some years by less).  Above I have posted the average annual change in oil production 1965-2012 (with data from BP except for 2012 from EIA).  I have also added a linear trend line out to 2040.  Obviously, this is a rather rough time series and the linear fit is not particularly strong and the extrapolation not particularly stable.  But it’s not clear that anything else will work much better – global oil production is a very complex process that we understand poorly.  In that situation, we are probably best sticking to very simple models and acknowledging their severe limitations.  At any rate, the straight line implies that peak oil (in the sense of “average growth is zero”) was in about 2009.  The straight line also implies that we would not reach average growth being -3.5% until almost 2040.

Añado esto porque es muy importante, en este mundo hipermediático en el que las afirmaciones se distribuyen a la velocidad de la luz, ser lo más preciso posible con los datos disponibles, y separar muy bien la opinión de los hechos comprobados. Staniford prefiere algo así:

Creo que todo lo que podemos decir con certeza en este momento es que parece que en la última década se ha vuelto mucho más difícil elevar la producción de petróleo en los porcentajes acostumbrados, incluso en presencia de altos precios del petróleo sostenidos. Es de suponer que esto refleja que nos acercamos al peak oil. Creo que es razonable sugerir que estamos en una meseta ondulante alrededor del pico del petróleo.

Desde luego es menos impactante, pero no menos preocupante.

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Oscar Carpintero en el Espai Marx

Seguimos con el resumen de la jornada celebrada el pasado 20 de abril en el Espai Marx dedicada a analizar los problemas medioambientales y económicos de nuestra civilización. Esta vez le toca a la intervención de Oscar Carpintero, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Valladolid.

Carpintero es un economista “heterodoxo”, autor de un notable libro dedicado al análisis del metabolismo material de la economía española durante la segunda mitad del SXX, y se le puede considerar discípulo de Nicholas Georgescu-Roegen en el sentido de que antepone la interpretación termodinámica y de flujo de materiales en sus análisis económicos a otras consideraciones.

Este profesor de economía empezó citando a Santiago Alba cuando este se pregunta ¿Qué es una crisis capitalista?, desgranando a continuación una serie de indicadores que cita Alba (los millones de hambrientos, pobres, desempleados, sin acceso a agua potable, servicios sanitarios mínimos, etc, etc), para concluir después que es moralmente escandaloso pensar que el capitalismo es el sistema menos malo. Para Carpintero no solo se debe interpelar al sistema económico, sino también a los movimientos sociales y la izquierda sociopolítica.

Un  primer paso para esa reforma es recuperar las viejas enseñanzas, como que el objetivo del sistema económico es satisfacer las necesidades de la población, aunque posteriormente se le añadió como objetivo la maximización de los beneficios. Hasta hora, esto se ha hecho aumentando el tamaño de la tarta (o intentándolo), lo que además tiene la ventaja, para los defensores del capitalismo, de que se evita hablar del reparto de la riqueza. Pero esta estrategia ya está agotada, pues hemos descubierto ya los límites ecológicos y los costes ambientales que se han de pagar para que la tarta crezca sin parar). Y no solo está mal repartida la tarta de la riqueza económica, sino que también los costes ambientales y sociales están mal repartidos (adivinen quién se lleva la peor parte de estos costes ambientales y sociales: los que también son dejados atrás en el reparto de la riqueza).

Y entre los “ricos”, la estrategia de aumentar la renta para aumentar el consumo tiene poco que ver finalmente en el bienestar final de la población (y en el de las siguientes generaciones). A partir de un determinado nivel se da una desconexión entre el aumento de la renta y el aumento del bienestar subjetivo. Pero el objetivo de hacer crecer el PIB a toda costa persiste, a pesar de que los indicadores ecológicos están peor ahora que hace 40 años. El mito del PIB, prosigue Carpintero, sirve igual para un roto que para un descosido: el crecimiento del PIB lo soluciona todo. Pero en realidad ese mismo crecimiento esconde un proceso de apropiación y destrucción de riquezas sin precedentes.

Para este economista, un análisis del metabolismo económico, cómo captamos energía y materiales para producir bienes y servicios que a su vez producen residuos (y también finalmente los bienes se convierten en residuos) nos ayudaría mejor a ver qué está sucediendo en realidad. Un ejemplo de auténtica “producción” es la fotosíntesis, dice Carpintero. Lo que hacemos ahora es extraer riquezas existentes y disiparlas, con cargo a la corteza terrestre y al resto del mundo. Pasamos de una economía de la producción renovable y autocentrada (que apenas generaba residuos) a una economía de la adquisición no renovable, con cargo al resto del mundo, y que hace insostenibles actividades que antes eran sostenibles (como la agricultura y ganadería). Y todo esto no lo hacemos para meramente subsistir, dado que por ejemplo, satisfacer las necesidades biológicas supone apenas el 3% del tonelaje movilizado por la economía española.

Este modelo de adquisición se ha consolidado promoviendo estructuras e instrumentos favorables al propio modelo, como  el comercio internacional y el sistema financiero y la extensión de este modelo al resto del mundo es físicamente imposible, dado que supondría utilizar cuatro veces más energía y materiales. Y al no ser generalizable, es por lo tanto incompatible con la igualdad. Y aunque ese sea el camino que parece se está siguiendo, pronto nos topamos con absurdos. Por ejemplo, en el  comercio internacional, los flujos de petróleo y minerales muestran que se produce en un sitio se consume en otro. Los países desarrollados son deficitarios  en términos físicos (materiales). ¿Cómo entonces pueden generalizarse estos flujos cuando les toque desarrollarse a los que ahora son exportadores hacia los países desarrollados?

Otros aspectos del modelo se encargan de que al menos de momento siga vigente ese desequilibrio en los flujos. El sistema financiero internacional logra también una relación favorable en términos comerciales para sus propios gestores. Analizando esto podemos echar por tierra un par de mitos: que los países más pobres son los más endeudados (EE.UU. triplica su deuda respecto a los países pobres); y que los ricos son los que ahorran y por tanto hay que mejorar su fiscalidad para que puedan invertir. En realidad, son los pobres los que más ahorran. Los más ricos y poderosos son a la vez los más endeudados, y no invierten más porque ahorren más y por tanto tengan más renta (o viceversa), sino porque captan el ahorro del resto del mundo emitiendo pasivos financieros (que les sirven para comprar activos en el resto del mundo).

Esta desigualdad capacidad para emitir pasivos que sean aceptados en el sistema monetario internacional es una de las claves del reparto de poderes del sistema financiero internacional. La emisión de pasivos ha servido para financiar los procesos de fusiones y adquisiciones (recomposición de la propiedad a escala mundial), para financiar los boom inmobiliarios de los más endeudados, y para una transferencia masiva de riesgo.

Para Carpintero, los países “desarrollados” presentan tres rasgos principales: son deficitarios en términos físicos, atraen capitales del resto del mundo, y también atraen de población del resto del mundo. Y de nuevo, ¡esto no se podría “globalizar”!

Ante esta situación de límites físicos y desigualdad programada, la respuesta del modelo económico convencional es una huida hacia adelante, renunciando a la conciencia de los límites gracias a la invención del “crecimiento desmaterializado”. Esta tesis (basada en un mundo “smart” e hiperconectado en el que el conocimiento es la nueva y sensacional materia prima que sirve para todo) es además dependiente en lo físico de nuevos materiales que son muy intensivos energéticamente. Y además, los materiales necesarios para alimentar la “nueva economía” (niobio, molibdeno, cadmio, telurio, indio, germanio, galio, selenio, etc) se encuentran precisamente en mayor cantidad en África! En efecto, el nuevo modelo profundiza en el sistema de desigualdad de los flujos materiales.

En la recta final de su intervención Oscar Carpintero se preguntó si era posible un cambio de modelo productivo hacia algo más inmaterial, y si serían viables sus costes físicos y sociales. Citando a Georgescu-Roegen (“hay que minimizar los remordimientos futuros”) y también al “pesimismo prudente” de Robert Constanza, recordó lo arriesgado de apostarlo todo al modelo actual, que equivaldría a pensar que “ya inventaremos algo para salir de esta”. En primer lugar, recomendó, hay que percibir el problema en su dimensión (lo que equivale a introducir de una vez por todas la dimensión física y entrópica del proceso económico). Luego hay que pasar de una economía de la adquisición a una a la economía de la producción, recordando que cualquier intento de seguir con el crecimiento exponencial incrementará la escasez material. Apostar por que nos salve la tecnología puede llevarnos a resultados paradójicos, como el que se ha mencionado con anterioridad de la relevancia metales críticos. Por último, es imperativo reducir y cerrar ciclos materiales, algo que la economía de la naturaleza, valga la redundancia, hace de manera natural.

Y hasta aquí el resumen de la charla del economista Oscar Carpintero, seguiremos otro día con el resumen de la intervención del filósofo y sociólogo Joaquim Sempere.


Presentación de Pedro Prieto en las jornadas del Espai Marx

El pasado 20 de abril se celebró en Barcelona las jornadas de debate “Crisis económica, crisis ecológica, crisis de civilización, ¿Qué hacer?“, organizadas por Espai Marx.

Uno de los ponentes fue Pedro Prieto, que ha publicado el PDF de la presentación (fichero PDF, 6,09MB) que utilizo durante la jornada.

Pedro habló de los límites físicos del planeta, y de las diferentes respuestas (o no respuestas) a este hecho, desde la perspectiva neoliberal, keynesiana o izquierdista productivista. Se preguntó también si se puede desmaterializar la economía, a qué coste y de qué forma (algo en lo que más adelante profundizó el economista Oscar Carpintero) y ofreció una perspectiva de las diferentes crisis que convergen en este siglo XXI: energética, ecológica, demográfica, alimentaria, económica, y de civilización.

Pedro Prieto también habló de la Tasa de Retorno Energético, una herramienta clave en el estudio de la viabilidad física de las energías fósiles, según se agotan y también en el estudio de la viabilidad de las modernas energías renovables, según para qué usos.

Finalmente, ofreció su opinión sobre las posibles soluciones a estas múltiples crisis convergentes, que pasan por poder alcanzar el desarrollo humano ambientalmente sostenible.

Próximamente publicaremos nuevas entradas con las aportaciones de los otros dos ponentes, el economista Oscar Carpintero y el sociólogo y filósofo Joaquim Sempere.